«Compartir con D. Antonio sus más de 15 años de ministerio episcopal en nuestra Diócesis, como vicario de pastoral, ha sido una inmensa gracia.
He podido palpar su profunda fe y confianza en Dios, su inteligencia y, a la vez, humildad a la hora de afrontar los problemas y en su preocupación y afecto a los sacerdotes. Su trabajo infatigable, la cercanía a las personas sencillas, a los enfermos y marginados de la sociedad, dedicándoles todo el tiempo que fuera necesario, transmitiéndoles el amor de Jesús y la alegría y esperanza del Evangelio.
Acompañarme de él y ayudarle y recibir sus confidencias también en esta última etapa, donde la acción se va relegando y resplandece la oración y la pasión. Todas estas actitudes de Buen Pastor, siempre dispuesto a dar la vida generosa y gratuitamente, han sido una hermosa y evangélica lección que han quedado grabadas en mi corazón para siempre».
