Para que "creyendo tengan vida en su nombre"
Nos encontramos ante el segundo tipo de relatos en torno a la Resurrección que presentamos el domingo pasado. Jesús se aparece a algunos de los suyos. En esta ocasión, a los discípulos que están encerrados por miedo. Tras regalarles su paz, les revela quien es mostrándoles las manos y el costado. Entonces lo reconocen. Es el crucificado. Por eso los discípulos se alegran. La alegría brota al reconocer a Jesús. El Señor les encomienda una tarea, los envía a la misión. Pero no van a estar solos. Jesús sopla y les da su Espíritu. El romperá sus miedos y les dará fuerza para llevar a cabo lo encomendado.
Hay un discípulo que no está en la comunidad: Tomás. Por eso no se encuentra con el Señor. Aunque, recibe el testimonio de los discípulos, su incredulidad es más fuerte que su fe. Jesus se aparece de nuevo y tras hablar aTomás,sedirigeatiyamí. Pronuncia una bienaventuranza para todos aquellos que no convivimos con él, que no tuvimos la oportunidad de ver esa continuidad entre el crucificado y el resucitado. A nosotros, que hemos creído por el testimonio de otros, Jesús nos llama felices, dichosos. Somos afortunados por tener fe. Esta ha nacido porque una “cadena de testigos” a lo largo de la historia ha traído hasta nosotros el anuncio de la Resurrección de Jesús. Ahora nos toca a nosotros seguir transmitiéndolo a otros para que creyendo tengan vida en su nombre. “Como es su fe, así es el hombre y su obra” (Kolping).
