Con ese «En verdad, en verdad» que utiliza Juan para introducir las grandes palabras de Jesús, el Maestro inicia un discurso: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre».
Jesús hace alusión al momento en el que se va a realizar el misterio del acontecimiento pascual: su muerte y su resurrección. Para explicar algo tan complejo, utiliza una sencilla imagen traída del ámbito agrícola, la del grano de trigo: Si no cae en tierra y muere, queda solo, pero si muere da fruto en abundancia.
Es el mismo misterio de la naturaleza y de su continua re-creación. Para llegar a la vida hay que pasar por la muerte. Es en ese proceso donde se da la transformación. En la vida de Jesús, ha llegado ese momento: el misterio pascual.
Esto también ha de ir realizándose día a día en la vida del creyente. En el transcurso de la existencia hay que dejar “morir” determinadas etapas, situaciones, actitudes, valores, para abrirnos a otras nuevas, para ir adentrándonos en la nueva vida de Jesús.
Los griegos quieren ver al Señor. Sin embargo, no se acercan a él directamente. Primero se lo dicen a Felipe y este, junto a Andrés, acude a Jesús. La comunidad cristiana es la que hace de mediadora entre los seres humanos que andan en búsqueda y el mismo Jesús.
Sólo viviendo en nosotros el paso de la muerte a la vida, que pronto vamos a celebrar, podremos dar una respuesta auténtica a todos aquellos que nos dicen: «Queremos ver a Jesús».
