Los pastores encontraron a Dios en un lugar adonde nadie querría ir, en un establo perdido en
una aldea, entre animales, en la fragilidad de un niño... Hoy Cristo sigue haciéndose presente
en esas periferias existenciales ante las que el mundo vuelve los ojos. Así lo entienden los
voluntarios de Pastoral Penitenciaria como Nicolás Gámiz, que resume así su labor en la
prisión: «cada sábado atendemos a los presos, comentamos con ellos, leemos el Evangelio, les
invitamos a conocer a Jesús. Se trata de que conozcan la realidad de la vida».