Toda persona tiene derecho a acabar sus días en la tierra sin dolor, a su tiempo natural, sin que se acorte o se prolongue la vida. Del mismo modo, merece llegar al final informada adecuadamente, eligiendo el lugar, si es posible; participando en todas las decisiones importantes que le afecten y con la ayuda espiritual que precise. Para ello, la atención integral que ofrecen los cuidados paliativos se hace necesaria y su accesibilidad, un derecho de todo ser humano.