La Asamblea Regional de la Renovación Carismática tuvo lugar en la Casa Diocesana

La Casa Diocesana acogió, del 29 de septiembre al 1 de octubre, la Asamblea de la Renovación Carismática Católica de la Provincia Eclesiástica de Granada, a la que pertenece la Diócesis de Málaga.

El 1 de octubre, el Obispo de Málaga celebró la Eucaristía con los participantes en la Asamblea, a quienes dirigió estas palabras en su homilía: «La Renovación Carismática es una corriente de gracia, suscitada por el Espíritu Santo dentro de la Iglesia Católica, para experimentar una revitalización de los dones y carismas recibidos durante en el bautismo. Hemos sido bautizados con agua y Espíritu Santo. A partir de ese momento nace una corriente inagotable de gracia como regalo del Señor».

Y les recordó las palabras que les dirigió el papa Francisco el pasado mes de junio: «Celebrar los Cincuenta Años de la Renovación Carismática es motivo de alegría y de acción de gracias a Dios. Como dijo el papa Francisco en su homilía a la Renovación Carismática es una “Corriente de gracia del Espíritu. Y, ¿por qué ‎corriente de gracia? Porque no tiene ni fundador, ni estatutos ni órganos de ‎gobierno. (Bueno, Estatutos tiene, porque las cosas hay que encauzarlas; el agua desbordada haría estragos y por ello debe ser encauzada). Claro que en esta corriente han nacido múltiples expresiones que, ciertamente, ‎son obra humana inspirada por el Espíritu, con carismas distintos y todas al ‎servicio de la Iglesia. Pero a la corriente no se le pueden poner diques, ni se puede encerrar al ‎Espíritu Santo en una jaula” (Papa Francisco, Homilía a los miembros de la Renovación Carismática en la Vigilia de Pentecostés (Circo Máximo - Roma, 3.06.2017)».

Además de ser motivo de celebración y de acción de gracias, D. Jesús Catalá les recordó que «debe ser también un momento de reflexión en el camino recorrido, para mirar el futuro con esperanza y seguir adelante con más fuerza; y para dejar atrás el polvo acumulado de nuestras miserias y debilidades. En el camino se nos pega el polvo y se ensucian nuestros pies; hay que limpiarlos y proseguir el camino. Éste podría ser el objetivo de la presente celebración. Purifiquemos lo que haya que limpiar y podemos los sarmientos que no sirven, para que sea una realidad eclesial más renovada y rejuvenecida».