Antonio Collado, Vicario para la Promoción de la Fe y párroco de San Miguel de Málaga, nos ofrece la Lectio Divina para el evangelio del Domingo XX del Tiempo Ordinario.
LECTURA. LECTIO
Un domingo más continuamos alimentándonos de las palabras pronunciadas por Jesús en el discurso que sigue a la multiplicación del pan. Me pongo a la escucha y saboreo estas palabras que saben a vida eterna.
MEDITACIÓN. MEDITATIO
Este pasaje de hoy se sitúa al final del “discurso sobre el pan de vida” (Jn 6, 22-59). Son los interlocutores judíos quienes, con su incredulidad, sus preguntas y malentendidos, hacen que Jesús insista repetidamente en los mismos temas, profundizando cada vez más en su revelación como Pan de vida. La respuesta de Jesús a la dificultad que los judíos le plantean en el versículo 52 ocupa la mayor parte del texto. El lenguaje utilizado para explicarse es tremendamente realista y tras él subyacen dos experiencias cotidianas en la vida de las primeras comunidades. Por una parte los términos “carne” y “sangre” recuerdan a los animales que se sacrificaban en el templo y que, según la mentalidad israelita, proporcionaban el perdón de los pecados. De este modo el evangelista presenta a Jesús como la verdadera víctima cuya muerte, cruel y violenta, es la única capaz de proporcionar vida eterna. La otra experiencia se refiere al hecho habitual de tomar alimento: la comida y la bebida son imprescindibles para adquirir la energía necesaria para la vida. Pues bien, Jesús se hace pan, se ofrece como alimento para la vida del mundo. Comer su cuerpo y beber su sangre significa acoger su persona como don de Dios y tener vida por él. Este pasaje tiene también resonancias eucarísticas. Los términos “carne” y “sangre” no solo recuerdan que Jesús se entregó totalmente hasta el final, sino que también aluden a la Eucaristía, el banquete cristiano en el que se hace memorial de la muerte y Resurrección de Cristo. Una muerte que es portadora de vida. De este modo, comer su carne y beber su sangre significa tener vida por Jesús y tener vida en Él. Alimentarse de Él implica recibir ya la vida eterna, pero todavía no en plenitud (Jn 6,53-54); supone introducirse en la relación de comunión que se da entre el Padre y el Hijo (Jn 6, 55-57).
ORACIÓN. ORATIO
En actitud de oración, dejo que este pasaje me ayude a revisar mi participación en la Eucaristía y mi valoración de la misma.
CONTEMPLACIÓN. CONTEMPLATIO
«El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él» ¿Cómo me ayuda la Eucaristía a estrechar la relación con Jesús y con el Padre? En el silencio de la oración, me dejo interpelar por esta pregunta.
COMPROMISO. ACTIO
Celebrar la Eucaristía no puede dejarme indiferente. ¿Cómo me impulsa a entregarme a los demás a imagen de Cristo?
