José Javier García, párroco de Mollina y Humilladero, nos ofrece el comentario al evangelio del Domingo V del Tiempo Ordinario.

Al escuchar el Evangelio de este domingo, podríamos hablar sobre las curaciones de Jesús, o de su constante predicación por Galilea. Pero me gustaría que hoy pusiésemos el foco de atención en otro aspecto que quizás pasa desapercibido en este texto. Me refiero al detalle de la oración de Jesús. Entre las cosas que Marcos nos cuenta hoy sobre Jesús, aparece esta frase: “Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar”. Para Jesús, orar es algo habitual. No se ciñe a momentos puntuales, sino que es algo que hace constantemente, y así lo podemos ver especialmente antes de los momentos clave de su vida (cuarenta días en el desierto; antes de elegir a los Doce; en Getsemaní, etc) y también muchas veces de noche, o de madrugada.

Esa relación con su Padre es la que le lleva a realizar su misión de una manera determinada. La predicación que Jesús hace -y a la cual hoy se refiere Marcos-, es consecuencia de esa oración profunda y confiada con Dios Padre. Es en la oración donde Jesús encuentra el sentido de su obra y de su predicación. Para nosotros, la oración no puede ser algo secundario en la vida. Sólo desde esa relación constante, profunda, cercana y confiada con Dios, podemos entender nuestra tarea de cristianos y nuestro apostolado diario. ¿Cómo llevamos nuestra oración? ¡Feliz y santa semana para todos!