La diócesis de Málaga cuenta desde este sábado con un nuevo sacerdote y dos nuevos diáconos permanentes. En la homilía pronunciada con motivo de las ordenacines el sr. obispo ha señalado que «escuchando y acogiendo la Palabra de Dios es como crece y madura el hombre» a la vez que ha animado a la lectura, escucha, meditación contemplación y oración de la Palabra.
Audio de la homilía
Cuando recibió la noticia, Rafael se alegró doblemente: «¡Qué hermoso ver cómo el Señor va regalando a su Iglesia personas generosas y dispuestas a servir a los hermanos! Muchas veces se piensa que la Iglesia la llevan sólo los curas y las monjas, y no es así. Todos formamos la gran familia de Dios, la Iglesia, y todos podemos servir de diferentes maneras». Son muchas las anécdotas que ha vivido Rafael en estos meses. Él se queda con esta acción de gracias: «Me quedo con la gente, con tanta buena gente que me he encontrado este año en Ronda y Atajate. Y tengo un recuerdo lleno de cariño y gratitud para la parroquia de La Natividad, de Málaga, para el Seminario Menor y para las Hermanitas de los Pobres. Con todos ellos he ido creciendo y descubriendo que el Señor me quería como sacerdote y dando una respuesta afirmativa a su llamada. Todo ha sido inmerecido, ha sido regalo del Señor. A mí sólo me queda dar gracias a Dios y a todos los que me han acompañado en el camino».
Dos diáconos permanentes
Antonio Miguel Mellado y Rafael Carmona están casados ambos y son padres de familia. Dos cristianos implicados en el trabajo pastoral de sus parroquias y comunidades de referencia.
La vida de Antonio Miguel es una historia protagonizada por la misericordia y la paciencia del Señor: «A lo largo de muchos años, he ido descubriendo los mensajes que Él me enviaba, y que me decían que la verdadera felicidad se encuentra en la entrega diaria a los demás. Al servicio de los que menos pueden. Y este servicio, casi sin darme cuenta, me llevó a los pies del altar de Cristo. Y este altar está en la Iglesia, a la que quiero y deseo entregar mi vida para que, como buena madre, ella me diga dónde debo ayudar a mis hermanos: en el servicio de la Palabra, la Liturgia y la Caridad». Podemos pensar que, para un hombre casado, con familia y trabajo, no debe ser nada fácil realizar un servicio pastoral como el del diaconado permanente. Pero Miguel asegura que «cuando el Señor llama a una persona para una vocación, como el diaconado, ya tiene previsto darle la fuerza necesaria con su Espíritu Santo, para que esta tarea salga adelante venciendo las dificultades con la ligereza y la alegría del Amor. Además, y no es poco, cuento con la colaboración de mi mujer y mis hijos, de mis hermanos de comunidad parroquial y de toda la Iglesia, así que es posible». Para Miguel «el diácono es ordenado para estar a disposición de lo que disponga el Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, a tenor de las necesidades de la diócesis. Para mí, servir a la Iglesia significa cumplir la misión para la que Dios me ha regalado la vida. Doy gracias a Dios por ello y me encomiendo a la Virgen María, para que me auxilie».
Antes de recibir esta ordenación, recibió el sacramento del matrimonio, por eso es importante la conciliación de ambos sacramentos. En este sentido, Rafael afirma que, «en esta vida tan ajetreada, basta proponérselo para sacar tiempo para todo, pero nunca nos paramos a pensar que la vida terrenal es muy corta y si te lo propones tienes tiempo para todo. Desde los comienzos de nuestro matrimonio, siempre el Señor ha tenido y sigue teniendo parte en nuestra vida (Iglesia doméstica). Mi esposa y mis hijos me manifiestan muchas veces que les ayuda a perserverar en la plegaria, en la comunicación, en la reflexión, a continuar el camino de fe y compromiso, sintiéndose miembros de una Iglesia que avanza hacia el Reino del Padre».
