Gran expectación y nerviosismo en la calle ante el pregón de Semana Santa: unos, los más cofrades, se preguntan si “aparecerá” el pregón más allá del circo mediático que rodea al pregonero; otros, alargan el Festival de Cine una semana más y buscan el saludo y el autógrafo del actor y su inseparable esposa.
Gran expectación y nerviosismo en la calle ante el pregón de Semana Santa: unos, los más cofrades, se preguntan si aparecerá el pregón más allá del circo mediático que rodea al pregonero; otros, alargan el Festival de Cine una semana más y buscan el saludo y el autógrafo del actor y su inseparable esposa.
Antonio Banderas, consciente de todo ello, aparece ante la prensa muy amable, pero con una sombra de seriedad en su rostro. El desfile de los protagonistas hasta la entrada del teatro se hace lenta ante tanta foto y aclamación. Cuando por fin, consigue entrar en el teatro, la plaza no se queda vacía; al contrario, cada vez va apareciendo más gente.
Empieza el pregón. Presentan a José Antonio Domínguez Banderas y la plaza irrumpe en aplausos. Cuando Banderas comienza a hablar vemos lo más sorprendente de la noche: el silencio. Una plaza llena de gente colgada de las palabras de nuestro pregonero más internacional. Y así durante las casi dos horas que dura el pregón.
Fin de fiesta y la plaza vuelve a irrumpir en aplausos y vítores a su ídolo, de la mano del que han recorrido emocionados la Semana Santa malagueña. Sale el público del teatro y la plaza se llena aún más; solo no ha gustado a grupos más reducidos con gustos por el clásico pregón de Semana Santa.
Antonio, perdón, José Antonio sale acompañado de su familia y es ovacionado. Hoy el cofrade ha hecho de actor.
