En la parroquia La Natividad del Señor de Málaga podemos disfrutar contemplando el mural “El sembrador”, del pintor Jorge Rando. Tras el Sínodo dedicado a la Palabra de Dios, el párroco José L. Linares quiso hacer llegar a los fieles la importancia de ésta.
“La Palabra de Dios transforma la vida de aquellos que la cogen con fe. No se extingue nunca, es nueva cada día, más para que esto ocurra, es necesario una fe que escucha”, afirma. El fondo de la iglesia contaba con un gran espacio que ha sido cubierto por un mural con una longitud de 15 por 3 metros. Desde el noviembre pasado, los fieles, al terminar la celebración, pueden identificar qué lugar ocupan ellos en este mural. Jesús nos propone cuatro tipos de situaciones ante la escucha de la Palabra.
En el centro se erige la figura de Cristo sembrador. “Él nos anuncia el Reino que es un tesoro escondido. Con su entrega en la cruz ha querido derramar ésta gracia sobre el mundo. Los tonos simbolizan a través del amarillo, la riqueza del tesoro, del azul, la fuente de la vida, y de la entrega a través del rojo”, describe el párroco.
En los cuatro cuadros que lo rodean están las diferentes actitudes de los fieles ante la siembra de la semilla: las zarzas simbolizan el corazón dividido, han escuchado la Palabra y aman el bien pero tienen poca valentía para renunciar al mal; la semilla que cae junto al camino nos muestra a aquellos que han oído pero no han escuchado, no viven ni comprenden la Palabra; la que cae en la piedra representa a aquellos que reciben con entusiasmo la Palabra pero la abandonan ante cualquier dificultad; la tierra buena donde cae la semilla simboliza a quienes reciben la Palabra, dueños de un corazón generoso, la meditan y superan las dificultades.
El autor ha querido hacer un homenaje al trabajo de la mujer en la Iglesia. Cada escena es protagonizada por una figura femenina. Destaca la importancia de su tarea tantas veces olvidada. “Ella señala, suplica, ora y trabaja sin que muchas veces su tarea sea tenida en cuenta”, comenta Linares.
“Podemos ser pajarracos, cardos borriqueros, piedras, pero el proyecto de Dios nos envuelve por todas partes. Porque todos, estemos donde estemos, hemos sido comprados no con oro ni con plata sino con la sangre preciosa de Jesús”, afirma el párroco.
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