Ir a clase después de completar una jornada de trabajo, cuando se es padre o madre de familia y se tienen hijos, puede parecer una misión imposible, pero en realidad es una misión generosa para cristianos comprometidos y deseosos de fortalecer y transmitir la fe, como se nos recomendaba en el último Proyecto Pastoral Diocesano.
El Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Pablo es un buen instrumento al alcance de los seglares para actualizar nuestra formación y afianzar los argumentos que hacen que nuestra fe sea razonable.
Está patrocinado por la Facultad de Teología de Granada y nació de la transformación del Centro Diocesano de Teología que, durante 24 años sirvió a la diócesis. En 1974, D. Ramón Buxarrais puso en marcha este centro, con el que la diócesis aportaba un grano de arena a la reflexión teológica para adultos.
Después de varios años de adaptación a los planes de estudio civiles, el curso 94-95, D. Antonio Dorado, propone e impulsa el proyecto de creación de un Instituto Superior de Ciencias Religiosas, que se inauguró el curso 96-97. El proceso formativo es de cinco cursos, que se adaptan al ritmo del alumno.
Don Manuel Pineda es uno de los profesores con más experiencia del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, tanto de profesor como de director. Para él es un honor hablar de este centro, que es el segundo de toda España en número de matriculaciones, casi 3.000 alumnos en toda su historia. Está convencido de que “la formación es fundamental en la vida de los cristianos, porque las personas estamos en continuo proceso de maduración y necesitamos cauces válidos para adquirir la adecuada preparación. Por eso, el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et Spes, número 62, nos dice que es de desear que numerosos laicos reciban una buena formación en las ciencias sagradas y que no pocos de ellos se dediquen ex-profeso a esos estudios y profundicen en ellos”.
Esta formación cristiana, tal como la establece la Congregación para la Educación Católica de Roma, tiene tres objetivos, según palabras de D. Manuel: “promover la formación de los seglares y de los miembros de institutos religiosos, prepararlos para el ejercicio de los diversos ministerios y tareas eclesiales, y proporcionar la conveniente cualificación de aquellos que quieran ser profesores de religión en centros educativos”. Son muchos los alumnos que, después de cursar los estudios de Ciencias Religiosas se comprometen en el trabajo pastoral de una parroquia, de un centro formativo, etc. y también algunos han seguido sus estudios universitarios y están a las puertas de presentar la tesis doctoral.
Este instituto no sería lo mismo sin su profesorado: 33 profesionales, sacerdotes y seglares, con una preparación seria y un gran deseo de dar lo mejor de sí por amor a Dios y a la Iglesia. Rafael Guerrero es licenciado en Teología Dogmática, Filosofía y Ciencias de la Educación. Para Rafael “mi presencia y mi tarea en las clases de Filosofía y Fenomenología de la Religión me han posibilitado y me han aportado dos experiencias muy personales e importantes en mi vida. La primera ha sido la de poder agradecer y devolver en parte a la Iglesia, a la diócesis, todo lo mucho que recibí de ella desde los años 50, cuando inicié mis estudios en el Seminario de Málaga.
La segunda es que aprendo mucho orientando, animando y ayudando el aprendizaje de los alumnos en una materia no siempre fácil, pero que intenta profundizar y reflexionar en la “experiencia religiosa” a través de la historia y de las distintas culturas.
De alguna forma he intentado siempre crear condiciones para que las alumnas y alumnos intercambien ideas y vayan construyendo su propio pensamiento. Ésta es la gran finalidad de la educación y de las clases. Y eso me lo siguen posibilitando las alumnas y los alumnos del instituto”.
Sólo nos queda animar a todos los seglares a que conozcan personalmente este instituto y pongan al día las razones de su fe.
Un alumno del ISCR cuenta su testimonio de cómo le enriquece estudiar ciencias religiosas en Málaga.
