“El cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, el cristianismo es Cristo”. Por ese motivo, la Iglesia propicia el encuentro con Él en primera persona.

La catequesis es, según explicita el Directorio General de la Catequesis de la Santa Sede, “escuela de fe, aprendizaje y entrenamiento de toda la vida cristiana”.

La iniciación cristiana, lejos de ser sólo la preparación para la primera comunión o para los sucesivos sacramentos, debe tender a configurarse como un camino por el cual la persona conozca la vida y mensaje de Jesús, y se sienta animada a seguirle, dentro de sus posibilidades, convencida de que Él lo guiará hacia la auténtica plenitud, concretada en el servicio a los otros y la entrega a la voluntad de Dios. Muchos niños emprenden en estos días ese camino, tras haber recibido por primera vez el cuerpo y la sangre del Señor.

Dos párrocos nos cuentan cómo organizan la catequesis de post-comunión

Reinaldo Aguilera, párroco de San Sebastián en Alhaurín de la Torre

En nuestra diócesis se conoce como “perseverancia” el proceso de catequesis que sigue al sacramento de la primera comunión, conocido también como “post-comunión”.

En la parroquia de San Sebastián, el porcentaje de niños que, tras recibir la primera comunión, continúan yendo a misa suele estar entre el 5 y el 10 por ciento, y sólo el 10 por ciento vuelve a incorporarse a la catequesis de iniciación cristiana.

Reinaldo Aguilera, el párroco, ve, entre las dificultades de la “perseverancia”, el que «al no haber una ‘obligación’ de asistir, el niño prioriza otras actividades que le resultan más atractivas, que son muchas». Además, «es siempre difícil contar con suficientes catequistas y animadores que dediquen tiempo a esas otras actividades complementarias y que hagan atractiva la catequesis». Los padres siguen teniendo la mentalidad de que cuando el niño recibe el sacramento, se ha llegado a la meta final, y no consideran necesario que su hijo siga vinculado a la parroquia. Pero también hay muchas ventajas. «Aunque son pocos, siempre hay personas dispuestas a llevar a cabo la preciosa tarea del catequista, y suelen ser pacientes y perseverantes, a pesar de que muchas veces los niños no vienen», dice el sacerdote.

La parroquia de San Sebastián tiene un protocolo de convocatoria muy particul a r. «Cuando terminan las celebraciones de la primera comunión, convocamos a los niños a una fiesta final, todos juntos, a la que acude una cuarta parte. Allí se les convoca para el campamento que hacemos en el mes de agosto. Luego, a finales de septiembre, volvemos a convocar a estos niños, llamándolos o yendo a la escuela, y se forman los distintos grupos, asignándoles un catequista, que se reúnen semanalmente.

También se programan diversas actividades lúdicas durante el curso, como fiestas, salidas al campo, partidos de fútbol, para afianzar los lazos creados con la parroquia».

Rafael López Cordero, párroco de San José, en Vélez-Málaga

En la parroquia de San José, en Vélez, su párroco nos cuenta que «cuando los niños reciben el sacramento, tienen la idea de que “ya no es necesario ir más a misa”. De 85 niños, apenas siguen yendo tres. No lo vemos como algo negativo, simplemente es la realidad que tenemos». «Esta parroquia ha experimentado, en cuestión de dos años, un crecimiento exponencial debido a la nueva construcción en Vélez-Málaga -dice López Cordero. Hemos pasado de ser una pequeña parroquia, en un bajo comercial, a un gran complejo parroquial rodeado de barriadas de bloques recién construidos».

«La principal ventaja de la catequesis de post-comunión es que los niños que van son los que realmente están interesados en seguir su formación cristiana. La mayor dificultad es que, tras tres años diciéndoles que todo lo que hacen es para ‘recibir la comunión’, resulta muy difícil cambiar la idea en el último mes del último año». El párroco anuncia que, en la fase en que se encuentra la comunidad, se está trabajando para crear un grupo estable de catequistas, a los que se ofrezca formación; y también se busca implicar a los jóvenes de la parroquia en la animación de esta etapa de perseverancia.

Rafael López Cordero es de la opinión de que «en las parroquias empleamos mucho esfuerzo en algo que de por sí va solo: las comuniones. Quizás deberíamos destinar nuestros mejores catequistas a la perseverancia. También nos pierden los números, habría que optar por mejorar la calidad de la catequesis aun en sacrificio de la cantidad. No todos los niños tienen por qué hacer la comunión.»

Pero también reflexiona este párroco sobre la responsabilidad de las propias comunidades. «Tampoco es justo exigir lo que no se da o no se tiene: en ocasiones, tras darles una catequesis deficitaria, les exigimos una preparación que no han recibido durante el proceso de tres años, y venimos con exigencias a última hora».