El VI domingo de Pascua, desde hace ya más de 30 años, las diócesis españolas celebran una jornada dedicada a las personas que sufren por causa de la enfermedad.

En esta ocasión, siguiendo el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal, el lema elegido es “Creer, celebrar y vivir la Eucaristía”. Los enfermos y sus familias, las personas que los atienden física y espiritualmente, las comunidades cristianas y la sociedad en general son los destinatarios de una campaña que tiene como objetivo redescubrir el don de la Eucaristía como luz y fuerza para vivir cristianamente la salud, la enfermedad, la curación, el dolor, la muerte y el duelo. Todas esas realidades están presentes en este sacramento, en el que el Señor sufriente entrega su cuerpo como prenda de nuestra salvación.

La Iglesia católica celebra la Jornada Mundial del Enfermo el día de Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de febrero, y en nuestro país, ese día se inicia una campaña que culmina el VI domingo de Pascua, día en que se tiene especialmente presente a aquellos hermanos nuestros que sufren por causa de la enfermedad, y se intenta que, gracias al buen tiempo, tanto ellos como sus familiares, acudan al templo parroquial a celebrar su fe junto a la comunidad de la que son miembros.

Carlos Acosta, consiliario de Pastoral de la Salud en nuestra diócesis, nos explica por qué se ha elegido este año el tema de la Eucaristía: “En este ámbito de la pastoral tienen gran importancia los sacramentos. Y dentro de ellos, la Eucaristía, el sacramento que más a menudo celebramos, es signo eficaz de la fe, la esperanza y el amor que cura y salva. Esto se produce especialmente cuando la comunidad que celebra unida recuerda a sus enfermos, se preocupa por su salud, ora por ellos y, sintiéndose enviada, les hace partícipes de la Comunión.”

La Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana, muestra del amor de Dios por nosotros, que llega “hasta el extremo”. Por ese motivo, la Sacramentum Caritatis, en su número 58, recomienda reservar una atención particular a la participación de las personas con discapacidad, ya sea en el seno de su familia o comunidad o haciendo posible su acceso a los lugares de culto. Benedicto XVI, como los últimos sucesores de Pedro, han dedicado una gran atención a la Eucaristía como cumbre de la vida y misión de la Iglesia. Una muestra es su encíclica Ecclesia de Eucharistia.

Esta jornada nos brinda una nueva ocasión para:

  • Considerar la íntima unión que existe entre el misterio eucarístico, el papel de María en el plan salvífico y la realidad del dolor y el sufrimiento del hombre.
  • Subrayar la importancia de la Eucaristía para todo cristiano, convirtiendo las capillas de los centros de salud en el corazón palpitante en el que Jesús se ofrece incesantemente al Padre.
  • Suscitar en nosotros una solicitud amorosa en favor de los enfermos y de cuantos sufren, que nos muestran el rostro del Señor.
  • Que los agentes de la pastoral de la salud y los propios enfermos encuentren fuerza espiritual para llevar la cruz como escuela de santidad.
  • Convertir el dolor en puerta hacia la redención.
  • Dar testimonio de entrega.
  • Y mostrar que la Eucaristía es consuelo para quienes sufren cualquier forma de enfermedad.