Tres sacerdotes malagueños, Manolo Lozano, Antonio Collado y Juan de Jesús Báez, trabajan, junto a laicos y religiosas, para anunciar el Evangelio con obras y con palabras.

Caicara del Orinoco es la capital del municipio Cedeño del Estado Bolívar, el más grande de toda Venezuela. Enclavada en el macizo guayanés, cuenta con 100.000 habitantes, que sumados a los otros 100.000 del resto del municipio, constituyen la “parroquia” de nuestra Misión Diocesana.

Tres sacerdotes malagueños, Manolo Lozano, Antonio Collado y Juan de Jesús Báez, trabajan, junto a laicos y religiosas, para anunciar el Evangelio con obras y con palabras. Nuestros hermanos, criollos e indigenas, reciben de la Misión la Buena Noticia por medio de la catequesis y los sacramentos, y son testigos de su poder transformador mediante las ayudas en ámbitos como la educación, la salud y el empleo.

Pero también ellos son nuestros evangelizadores.

Lorenzo Orellana, delegado diocesano de misiones, recuerda los inicios de la misión diocesana, hace ya 55 años. “Pío XII había dicho que la vocación de España estaba en Hispano-américa y D. Ángel Herrera pidió al clero y a los seminaristas que fueran fieles a esta indicación del Papa. Tan fieles, que en 1954 salieron los dos primeros sacerdotes para Venezuela”.

Durante 30 años curas malagueños fueron enviados para trabajar a las órdenes de los obispos de Ciudad Bolívar, Cumaná, Maturín, Guanare y Calabozo. Aunque el acuerdo inicial era de cinco años, la mayoría permaneció algunos más. “Unos 33 sacerdotes malagueños trabajaron, hasta 1986, en aquellas diócesis. De ellos, cinco fallecieron allí y dos aún permanecen”. En 1986 la ayuda de Málaga se concretó en Ciudad Bolívar, la diócesis más necesitada de clero, y, para mejor ayudarla, se creó la Misión Diocesana de Caicara del Orinoco. Desde entonces, al menos tres sacerdotes malagueños han trabajado en ella. Se trata de una Misión con un territorio seis veces más grande que la Diócesis de Málaga-Melilla, que cuenta con tres parroquias y 27 templos repartidos por pueblos, caseríos y comunidades indígenas.

Manuel Lozano, uno de los tres sacerdotes del equipo misionero, nos cuenta que la pastoral allí es rica y diversa, y que encuentra complicaciones por las distancias, la dispersión de la población, la dureza del clima y las precarias vías de comunicación.

La población tiene un nivel económico bajo, siendo muy alta la tasa de desempleo. La principal fuente de sostenimiento es la ganadería, la pesca, la agricultura y la minería, con sus muchas penurias. Las familias más afortunadas sobreviven con diez euros al día, aunque sean necesarios 50 euros para cubrir la cesta de la compra de un día para un hogar medio. “La solución es comer arroz, espagueti, latas... o reducir el número de comidas, para que el sueldo alcance”. La fe cristiana fue implantada allí por los jesuitas hace 250 años, y a la Iglesia de Málaga le corresponde ahora avivarla, para que llegue a ser ella misma evangelizadora. El despertar vocacional de los nativos ha hecho que, en los últimos años, diez jóvenes entren en el Seminario, dos ya sean sacerdotes, y varias chicas hayan sido llamadas a la vida religiosa, además de muchos laicos, que se ocupan a diario de la catequesis, la liturgia, etc. El dinero que reciben de nosotros, así como nuestras oraciones, dan frutos de futuro en Caicara.

Como afirma Orellana, “Málaga sabe que los misioneros son la expresión más viva del ser misionero de una diócesis, y que es a través de ellos como “toda la comunidad diocesana coopera y actúa entre las gentes“ (A.G. 37). Por ello, para mejor cumplir con esta petición conciliar, nuestra diócesis dedica un día al año a recordar, especialmente, su Misión Diocesana, a orar por ella y ayudarla económicamente.

El 26 de abril es ese día. Que Dios os pague vuestro recuerdo, oración y ayuda”.