Cuando Natanael recibió la noticia de que sus amigos habían encontrado al Mesías, y que éste era de Nazaret, exclamó: “¿Pero de Nazaret puede salir algo bueno?” Quizás muchas de las personas que viven en la barriada de Palma-Palmilla hayan escuchado, como Jesús, esa misma expresión referida a ellos.

¿De Palma-Palmilla puede salir algo bueno? Las Misioneras Cruzadas de la Iglesia creen que sí, y junto a otras cuatro congregaciones de la Iglesia católica, viven, trabajan y luchan por superar los condic ionamientos que se encuentran en la semilla de esos prejuicios.

“Bajar a la calle” es un proyecto que trata de ser fuente de participación ciudadana y puente entre los excluidos y el resto de la sociedad malagueña.

“Bajar a la calle” es un proyecto que las Misioneras Cruzadas de la Iglesia vienen desarrollando desde hace dos años, con la ayuda de Cáritas y el apoyo de La Caixa, en el centro educativo que esta congregación tiene en el barrio Palma-Palmilla. En él participan religiosas, educadores, alumnos y feligreses de distintas parroquias y movimientos diocesanos.

Su objetivo es trabajar con los chicos y chicas del barrio, fuera del horario lectivo, pero aprovechando las instalaciones. Entre las actividades que se realizan se encuentran refuerzo educativo, excursiones, salidas, y lo que denominan “centro abierto”, que consiste en una serie de talleres para los muchachos y también para sus familias, a quienes se les apoya, además, mediante una Escuela de Padres que se coordina con técnicos de Cáritas Diocesana.

Desde el equipo coordinador del proyecto “bajar a la calle” nos cuentan que el principal objetivo es que el colegio esté abierto al barrio, a sus necesidades y retos, y que sirva también de puente entre el barrio y el resto de la ciudad. Esto último lo realizan mediante la organización de actividades culturales de interés, que consigan acercar a los malagueños a la Palma-Palmilla, con el objetivo de que conozcan de primera mano la realidad del barrio y a sus habitantes y, así, trabajar juntos por la mejora de la situación.

Una de las últimas convocatorias ha estado protagonizada por Eneko y Miyuki, un matrimonio compuesto por un vasco y una japonesa que recorren, el mundo, desde hace años, subidos a una bicicleta entrando en contacto con pueblos de los cinco continentes, con los que han compartido sus luchas y preocupaciones.

También, hace pocos días, los malagueños tuvimos la oportunidad de conocer el contenido del VI Informe FOESSA, de la mano de Francisco Jiménez, secretario de Cáritas Diocesana. “No es fácil, nos dicen, porque la realidad es compleja, encierra una cuestión estructural de difícil solución, donde interviene la droga, la desestructuración familiar y otros factores, pero nosotros sabemos que es aquí donde nos toca estar y aunque no somos ingenuos, creemos que el cambio es posible.”

Quienes trabajan allí reconocen que parte de la responsabilidad es nuestra, ya que con determinadas ayudas, lo que se ha hecho es maleducar, prolongando la situación de dependencia y exclusión. Por eso, consideran imprescindible educar en el cambio.

Entre las actividades para lograrlo, las Misioneras Cruzadas de la Iglesia están impulsando especialmente el taller de percusión, la escuela de teatro... To d o por crear un espacio de participación de la gente del barrio en la vida social.

Es una tarea de doble dirección, del barrio hacia fuera y de Málaga hacia el barrio. La beata Nazaria Ignacia, fundadora de las Misioneras, dijo: “Quiero levantar a este pueblo de su prostración, no sólo quiero repartir pan para sus pobres, ni repartir sus limosnas que se recogen en la caridad, sino elevar la dignidad moral de este pueblo, enseñándole a trabajar, procurándole trabajo digno, haciéndole sentir la dulzura de ser hijos de Dios”. ¿Seremos capaces nosotros de actuar de caminar junto a nuestros hermanos, de bajar a la calle?