«En esta emocionada acción de gracias a Dios por su fecundo ministerio episcopal, no sólo queremos tener en cuenta el período que va desde que Su Santidad le nombró Obispo de nuestra diócesis, en mayo de 1993.»

Querido D. Antonio:

El pasado día 10 de octubre, con el nombramiento de un nuevo Pastor, se anunció que Su Santidad Benedicto XVI había aceptado su voluntaria renuncia al gobierno de la Diócesis de Málaga. Desde entonces, como si fuera una impresionante cascada de gratitud a Dios y a su persona, se han ido sucediendo las despedidas multitudinarias en las distintas Vicarías de la Diócesis: Melilla, Ronda, Antequera, Axarquía, Fuengirola, Marbella, Coín. Con este acto organizado por la Vicaría de la Ciudad de Málaga y por el Cabildo Catedral culmina oficialmente su despedida de la Diócesis.

En nombre de todos los diocesanos, me uno cordialmente a las palabras del Sr. Deán y del Sr. Vicario de la Ciudad. En esta emocionada acción de gracias a Dios por su fecundo ministerio episcopal, no sólo queremos tener en cuenta el período que va desde que Su Santidad le nombró Obispo de nuestra diócesis, en mayo de 1993. ¡Casi dieciséis años de ministerio episcopal en Málaga! Estos intensos años en los que ha conocido de cerca a todos, en los que nos ha celebrado continuamente los misterios de la fe, en los que nos ha alentado en nuestros trabajos apostólicos y en la vivencia de la comunión eclesial. ¡Estos años que hemos vivido y hemos trabajado juntos!

Con una perspectiva más amplia, quisiera recoger ahora todo su largo ministerio sacerdotal y episcopal. Nada mejor para ello que las autorizadas palabras que le dirigió el Santo Padre con ocasión de sus bodas de oro sacerdotales, cuando escribió: “Las comunidades eclesiales de Toledo, Guadix, Cádiz y Ceuta y finalmente Málaga han contemplado con admiración tu fecunda diligencia pastoral y tu celo apostólico.

Nunca has ahorrado esfuerzo a la hora de proclamar el Evangelio a los fieles confiados a tu cuidado pastoral, de administrarles los sacramentos y de impartirles catequesis. Por todo ello, Venerable Hermano, (...) también nosotros queremos demostarte gustosa y públicamente a través de esta carta nuestro aprecio y expresarte nuestra alta estima por tu labor apostólica y desearte lo mejor con toda el alma. Recibe, Venerable Hermano, nuestras palabras de gratitud por todo el trabajo desarrollado sabiamente en favor del progreso espiritual de tus fieles.

Recibe también los mejores votos que brotan de nuestra alma para que el Buen Pastor, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, te siga guiando con su gracia”.

Querido D. Antonio, en nombre de todos: ¡Feliz Jubilación!