En la Constitución Española se proclama la libertad de expresión y la libertad religiosa en sus artículos 20 y 16. Pero las noticias de las últimas semanas nos demuestran que no todas las personas pueden ejercer este derecho sin ser tachadas de “políticamente incorrectas”.

Por un lado, parece que las ideas religiosas no tienen cabida en nuestra sociedad, es más, según el Informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo 2008, publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, en 60 países se producen graves violaciones contra la libertad religiosa, en muchos casos secuestros y asesinatos.

Sin embargo, noticias como que un cura malagueño protagonice un spot de televisión en España, sí son de interés para todos los medios, porque no comprometen a nadie. ¿Qué mensaje es el que no se quiere oír? ¿O será más bien que no lo sabemos comunicar? José María Souvirón nos ayuda a reflexionar sobre ello.

José María Souvirón es un cristiano malagueño, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Málaga, que nunca ha visto coartada su libertad religiosa en su trabajo, pero que sabe bien dónde están los límites. Por ejemplo, tiene claro que un cristiano, como cualquier persona o ciudadano, tiene derecho a manifestar sus creencias sin que eso suponga una agresión para quien piense distinto: “está para ello amparado por un conjunto de derechos fundamentales, reconocidos internacionalmente y por nuestra Constitución: la libertad de expresión, de pensamiento y opinión, la libertad religiosa y de creencias, etc., que nadie, ni siquiera las leyes, pueden desconocer. Es más, es lógico que el cristiano dé la impronta de su fe al ejercicio de su respectiva función y actividades; claro está que llevando a cabo éstas de manera objetiva y profesional”.

A veces, parece que sólo los argumentos cristianos de defensa de la vida y del matrimonio son ofensivos para quienes piensan distinto. Ante esta apreciación, José María afirma que “nunca puede haber agresión en las opiniones como tales, salvo que se expresen de modo insultante o denigratorio. Otra cosa es que los poderes sociales dominantes, o con ganas de serlo, pretendan que toda opinión que no se ajuste a los valores que quieran imponer sea considerada como ‘agresiva’ p a r a el resto de la sociedad”.

Y es que, en palabras del catedrático de Derecho, “la libertad de expresión no tiene más límites que el respeto de los derechos de los demás, especialmente el derecho al honor, la intimidad, la propia imagen y la protección de la juventud y de la infancia, así como los valores y principios jurídicos y morales esenciales para la sociedad y el Estado. La libertad religiosa, por lo demás, está vinculada lógicamente a la libertad de expresión y el alcance de ésta, quedando así doblemente reforzada”.