«Laicos cristianos: sal y luz del mundo». Éste es el lema del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar que, como todos los años, se celebra en la festividad de Pentecostés.

En esta fiesta, en la que celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y el nacimiento de la Iglesia, miramos a la actualidad de esta institución para comprobar si aquel acontecimiento fue puntual o si todavía hoy el Espíritu sigue soplando en medio de nuestras comunidades. El Evangelio aporta su plenitud a la vida del hombre; una plenitud que sólo el que la ha gustado puede describir. Por eso, en esta jornada, los cristianos laicos somos invitados a transmitir esa sal que ha transformado nuestra vida en un exquisito guiso. Como portadores de la luz, estamos llamados a iluminar a todas aquellas personas que se cruzan en nuestra vida, porque sin Jesucristo, la vida es oscura y está llena de tropiezos.

Hoy entrevistamos a un matrimonio malagueño que lleva años tratando de poner sal y luz en la vida de sus hermanos.

Ramón Muñoz y Conchi Varo son un matrimonio malagueño que lleva años en diversas responsabilidades dentro del ámbito del Apostolado Seglar, es decir, de la acción evangelizadora de los fieles laicos. En la actualidad, aunque parten de un proyecto común, ejercen individualmente su actividad pastoral en su lugar de trabajo y “prestando algunos servicios que la diócesis nos ha solicitado. Son compromisos diferentes, aunque compartidos, porque se influyen mutuamente en cuanto al crecimiento personal, el empleo de su tiempo, la familia, etc.”.

–Muchos cristianos quisieran implicarse más en sus parroquias pero no saben cómo. ¿Qué les recomendaríais?

–Aunque es una expresión frecuente, “implicarme más en la parroquia” denota que algo está fallando. La parroquia es lugar donde se reúne la comunidad para celebrar, compartir y profundizar su fe. Donde tomamos fuerza para anunciar el Evangelio e impregnar con los valores cristianos las instituciones y los ambientes donde estamos presentes: familia, trabajo, amistades, asociaciones, etc. La parroquia requiere nuestra colaboración.

Cada uno debe valorar cuál puede ser su aportación en función de su propia vocación, de las necesidades de la comunidad y de los retos que nos plantea la sociedad para la evangelización.

- Hoy en día es difícil encontrar tiempo para darlo a la Iglesia. Siempre tenemos "otras" cosas más importantes que hacer antes. ¿Cómo luchar contra la desidia de muchos cristianos?

–Creando conciencia de que no es cuestión de buscar algo añadido para lo que tengo que encontrar un tiempo que me sobra o que me quito de otra cosa, sino que es toda la existencia dedicada a un compromiso que se experimenta como una realización personal, que aporta felicidad, da sentido a nuestra existencia, aunque cueste sacrificio. Es algo que cada uno debe descubrir. Es difícil de conseguir sin una vida de oración intensa, la celebración de la fe con la comunidad, el grupo de vida y el acompañamiento espiritual.

–El servicio a la Iglesia os habrá quitado mucho tiempo de vuestros hijos, de vuestro descanso, de vuestro ocio... ¿Ha valido la pena?

–Si se ha entendido la anterior respuesta, ésta no hace falta contestarla.

El compromiso es una acción de gracias, una respuesta al amor que Dios nos tiene, que aporta siempre, y no resta. Hace crecer a matrimonio y familia.

–El lema de este año es: "Sal y luz del mundo". ¿Qué os sugiere? ¿Cómo podemos ser sal en medio de nuestras ocupaciones?

–Este es el reto que más nos preocupa. Es fácil hablar en ambientes cristianos, pero guardamos demasiado silencio en otros ambientes. Debemos mostrar coherencia con nuestras formas de vida frente a una sociedad consumista e insensible ante el sufrimiento de los más pobres y marginados.

Quizá nos falta valentía, seguridad y firmeza para ser capaces de responder a los retos que nos plantea la cultura actual.

- ¿En qué aspectos de la vida del hombre de hoy creéis que se hace más necesario que los cristianos llevemos la luz del Evangelio?

–El presentar a Cristo como el que da sentido a los proyectos de vida, sobre todo a los jóvenes. Ser una Iglesia samaritana, que nos perciban como una Iglesia comprometida con los pobres y a su servicio. Una Iglesia que cree, celebra lo que cree y sigue con radicalidad a su Maestro.