Pastoral de la Salud está profundizando, durante este curso, en los problemas del dolor, la aflicción y el sentimiento ante la pérdida de los seres queridos.
La campaña, que comenzó el 11 de febrero con la Jornada Mundial del Enfermo, tiene como lema “Ante el duelo, abiertos a la esperanza”. Hoy la volvemos a recordar con la celebración de la Pascua del Enfermo.
La elección de este lema se debe a que “la experiencia de la enfermedad es universal y fuente de sufrimientos en un mundo que idealiza la salud. Perder a un ser querido es una de las experiencias humanas que mayor sufrimiento entraña. Enfermedad, sufrimiento, deterioro y muerte son realidades ante las que no nos sentimos cómodos. Cuando llegan, no somos capaces de reconducirlas y dar un sentido de vida y esperanza”, como afirman en los materiales que Pastoral de la Salud ha preparado para esta campaña y que están colgados en la página web de la diócesis: www.diocesismalaga.es/salud.
Pero, ¿qué pasa con nuestros mayores, jóvenes y niños que padecen enfermedades degenerativas y cuyas familias necesitan ayuda? ¿Quién y cómo atiende a estos enfermos y a sus familiares? ¿A quién cubre la Ley de Dependencia?
En esta Pascua del Enfermo, nos acercamos a la Ley de Dependencia, que comenzó su andadura el 1 de enero de 2007, y que centra su mirada en una realidad de nuestra sociedad: cada vez vivimos más años, pero también es mayor el número de personas con problemas de movilidad y enfermedades degenerativas. Patricio Fuentes, director de la residencia “Buen Samaritano”, dirigida por Cáritas, afirma que “lo mejor de esta ley es que viene a decirle a las personas enfermas y a sus familias, que se han hecho cargo en soledad y con grandes dificultades de esa situación de dependencia (sobre todo a las mujeres), que a partir de ahora, la sociedad se hace cargo también de esta situación, de ese problema, y que les van a ayudar. Por tanto, cualquier persona en situación de dependencia tiene derecho a recibir la ayuda adecuada”.
Y ésto se concreta en que “toda persona que lo necesite tendrá ayuda para realizar las tareas más básicas de la vida diaria: comer, beber, realizar sus necesidades, asearse, bañarse, vestirse, moverse por la casa, etc.” Se supone que no se trata sólo de personas mayores, sino que también se incluyen los niños y jóvenes con dificultades especiales.
Sin olvidar a personas mayores en riesgo grave de exclusión social (abandono, maltrato, síndrome de Diógenes), que también tienen derecho a recibir servicios de ayuda.
A las personas que ya viven en una residencia pública, esta ley les puede ayudar a pagar los gastos, pero nada más, porque ya ocupan una plaza pública.
Pero hay ayudas que nunca podrá sufragar ninguna ley, como es el cariño de la familia. En este sentido, Patricio opina que “siempre es difícil e injusto generalizar, pero es verdad que se dan situaciones lamentables de abandono u olvido, como también vemos, en menor medida, situaciones de verdadera implicación y acompañamiento familiar. El estilo de vida actual no refuerza el valor de la persona mayor en una familia: su experiencia, su escala de valores, sus prioridades en la vida... Tienen mucho que enseñarnos a los que vivimos tan deprisa o tan superficialmente.
Con la Ley de Dependencia, las personas que puedan y quieran cuidar a un familiar dependiente, recibirán una ayuda económica y algunos apoyos para hacerlo. Es una buena oportunidad, porque la ley tiene un principio general muy razonable: potenciar eso que las personas mayores prefieren, vivir y morir en su propia casa, rodeadas de su familia”.
Todo aquel que quiera solicitar ayuda para una persona con dependencia debe hacerlo en el ayuntamiento de su ciudad o pueblo. Ahí es donde comienza el proceso para pedir ayuda, que puede ser económica, servicio de residencia, centros de día, centros de noche, ayuda a domicilio, etc.
La teoría está muy clara y la práctica depende, en la mayor parte de los casos, de la disposición de los familiares a cuidar a quienes les han dado la vida.
