Mons. Dorado recomienda encarecidamente confesar los pecados y acogerse a “la misericordia y al perdón divinos, pues únicamente quien se sabe amado y acogido consigue amar, comprender y acoger a los demás.”
Reconoce que “el perdón sinceramente deseado y recibido es la mejor manera de abrir de par en par la mente y el corazón al amor de Cristo y ser testigo de este amor en nuestras vidas.”
En su carta titulada Celebrar la Pascua del Señor el prelado malacitano, reconoce que el amor a Dios está íntimamente unido al amor al hombre y por eso señala que “no podemos olvidar que en España sigue habiendo millones de pobres y que la pobreza actual tiene rostro de mujer joven.” Y por ello reconoce que en nuestro mundo occidental se debe continuar trabajando por la “implantación de los derechos humanos”.
