Mons. Dorado Soto señala en su última carta titulada Salvados por la esperanza que la segunda encíclica de Benedicto XVI “invita a redescubrir la virtud de la esperanza, a ser críticos con la cultura actual y a buscar la raíz de esa virtud”.
En este sentido, reconoce que pretende entrar en diálogo con la cultura actual y tiene muy en cuenta los grandes interrogantes del hombre moderno.
"Esta esperanza trascendente no sólo no nos aparta de nuestro compromiso con la historia de cada día, sino que nos invita a que nos impliquemos con todo nuestro ser en la construcción de un mundo más justo y más humano, pues la fe recibida “en comunión con Jesucristo, nos hace participar en su 'ser para todos'”. Sin embargo, cada generación tiene que dar su respuesta, porque las “buenas estructuras ayudan, pero por sí solas no bastan”, “pues el bienestar moral del mundo nunca puede garantizarse solamente a través de estructuras, por muy válidas que éstas sean”.
