Con la llegada del mes de septiembre se desmantelan las maratonianas jornadas de playa, la comida a deshoras, las conversaciones que se prolongan hasta bien entrada la noche o la residencia veraniega.

Septiembre ha llegado. Y con él la vuelta al ritmo que muchos abandonamos allá por el mes de junio. Y eso se nota. El curso escolar, en muchos casos, marca una nueva dinámica que nos introduce en una rutina marcada fundamentalmente por el regreso a las aulas y al trabajo.

Hemos querido acercarnos a la realidad que protagoniza este mes de septiembre. Para algunos, el nuevo ritmo que imprimen colegio, trabajo, familia y parroquia pasa desapercibido.

Sin embargo, estos días pueden erigirse como una extraordinaria oportunidad para relanzar la vida de fe, familiar y cultural.

Preguntar a dos familias de nuestra diócesis y conocer cómo encaran este mes puede acercarnos a cómo muchos católicos viven esta vuelta al ritmo del nuevo curso escolar.

Carlos Alarcón y Carmen Núñez, casados y padres de dos hijos, cuentan con una ventaja: sus hijos no acusan el salto del verano al otoño porque “tienen una edad en la que les gusta ir al colegio, tienen ganas”.

Sin embargo, se encuentran ante el reto de la adaptación de los horarios, de la rutina y del orden marcado por los trabajos, parroquia y colegio. En este sentido, consideran que la previsión, el programar bien la tarde y conocer las prioridades es importante para salvar con éxito la organización del nuevo curso. Saben que tienen que combinar familia, hijos, parroquia y trabajo.

Esta nueva organización, les ayuda en su relación con Dios; como señala Carmen, “facilita las cosas” ya que el horario se ajusta, paradójicamente, cuando menos tiempo parece que se tiene.

Alejandro de la Torre y Mariló Hernández, casados y con tres hijos, es otra familia que bien podría representar a una familia tipo de la diócesis de Málaga. Ellos son conscientes de que la organización del curso siempre es susceptible de mejora y que los retos que les presenta septiembre pasan por mimar la relación con sus hijos porque los conflictos de clase los llevan a casa o se agobian si no tienen las tardes libres.

En este sentido, piensan que la búsqueda y encuentro con Dios es otro de los aspectos que hay que cuidar con los hijos, de forma que puedan transmitir la inquietud por tener presente a Dios en medio de la vida y que, como afirma Mariló: “no les parezca un rollo, que no vengan sólo a la parroquia por los amigos. Dios no puede ser desplazado de la jornada, debe llenarla de sentido”.