Cometemos una gran torpeza cuando limitamos la atención a los enfermos a sus carencias materiales o psicológicas, olvidando que una enfermedad puede constituir un momento privilegiado de encuentro con Dios.
Monseñor Dorado Soto ha escrito una carta con motivo de la Pascua del enfermo. Con el título Estuve enfermo y vinisteis a verme, denuncia la situación por la que pasa el enfermo crónico que se encuentra en “una situación humana más vulnerable, por la soledad afectiva, por la discriminación en el acceso a los recursos asistenciales y terapéuticos, por los frecuentes malos tratos sicológicos y la precariedad económica.”
Con motivo de la Pascua del Enfermo, se ha hecho público, en la publicación Diócesis, que un total de veintitrés sacerdotes desempeñan su tarea como capellanes repartidos entre los hospitales de Málaga capital, provincia y Melilla.
