Términos como clonación terapéutica, eutanasia, píldora abortiva, etc. son frecuentes en nuestras conversaciones y todos conocemos a algún familiar o amigo que se ha tenido que enfrentar, de la noche a la mañana, con el dilema ético que supone tomar una decisión en la que está en juego la vida humana.

El V Congreso Nacional de Bioética se celebra en Málaga

Los cristianos necesitamos estar preparados y conocer qué dice la ciencia en torno a estos asuntos, antes de que sea demasiado tarde para rectificar. Por eso, es una buena noticia que del 1 al 3 de diciembre, se reúnan en Málaga científicos de toda España para participar en el V Congreso Nacional de Bioética.

A lo largo de las proximas líneas, analizaremos con el presidente del Consejo Organizador de dicho Congreso, el doctor Joaquín Fernández-Crehuet, los grandes temas que interesan a los cristianos de a pie en torno a la bioética. Una de las ciencias más importantes, según él, “porque es una cienc ia vital, nunca mejor dicho, para el hombre”.

Cuando se habla de los problemas de la bioética, muchos pueden pensar que es un asunto sólo para médicos, científicos o especialistas. Sin embargo, cada vez más a los ciudadanos de a pie se nos presentan dilemas en los que es muy importante tener las cosas claras (la muerte cerebral de un familiar, el embarazo de una hija adolescente, el tratamiento de fertilidad al que se somete una hermana...).

Para el organizador del Congreso, Joaquín Fernández-Crehuet, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UMA y jefe de servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico, “uno de los fines de los congresos es precisamente dar a conocer al gran público, a través de los medios de comunicación, los postulados fundamentales de la bioética. Hay que difundir en la teoría y en la práctica que toda vida humana tiene una dignidad inviolable desde su concepción hasta la muerte. Es el derecho humano primario”.

Uno de los términos acuñados para amparar agresiones médicas a la vida humana como la eutanasia es el de la defensa de la “calidad de vida”. El Dr. Fernández-Crehuet es tajante en este punto: “Muchos médicos trabajamos por la calidad de vida de los enfermos sin atentar contra la vida. Sería una contradicción ‘in terminis’ que un médico no protegiese la vida.

Por ejemplo, las unidades del dolor hacen una gran labor en pro de esa calidad de vida. Gracias a Dios la medicina actual no sólo permite curar muchas enfermedades, sino también paliar el dolor y ayudar a los pacientes a sobrellevar la enfermedad. Pero no es sólo una cuestión médica. La familia desempeña un papel fundamental en el cuidado y en el afecto a los enfermos. El cariño es la mejor medicina. Cuando cuidamos a un enfermo, tenemos la oportunidad de sacar lo mejor de nosotros mismos”.

En muchas ocasiones, prácticas médicas que se nos venden como “progreso” aunque atentan contra la vida humana en sus diferentes estadios, esconden maniobras de búsqueda de beneficios comerciales o ahorro a las arcas de la medicina pública. Fernández-Crehuet afirma que “esto depende de los casos.

En las prácticas no éticas, por ejemplo, en la que intervienen fármacos, pueden existir intereses de algunas empresas farmacéuticas.

En otros casos actúa el deseo de anteponer un determinado tren de vida. Aquí debe intervenir también el Estado, ayudando activamente a las familias numerosas, primando los nacimientos, ayudando a los matrimonios o madres con dificultades, etc. Los problemas no sólo se solucionan con esfuerzo personal, necesitan de la solidaridad de los demás, de los cónyuges, de la familia, de las organizaciones sociales, de las instituciones públicas, etc. Se trata, en definitiva de promover la cultura de la vida, y esto es responsabilidad de todos.