Este domingo 23 de octubre, celebramos el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones. Fue el Papa Pío XI quien puso en marcha, en 1926, la Obra de la Propagación de la Fe, con el fin de animar y fomentar el espíritu misionero en las familias, las comunidades cristianas, las parroquias, los centros docentes, los movimientos eclesiales y todos los grupos de la Iglesia.

Atravesaron el desierto en busca de la tierra prometida

Entre los objetivos de esta campaña está el de conseguir fondos y medios económicos con los que ayudar a los misioneros y misioneras en su trabajo evangelizador.

También, fomentar las vocaciones misioneras, tanto mediante el testimonio de quienes lo dejaron todo y atravesaron desiertos y montañas en busca de la tierra donde Dios los ha llamado, la misión, como mediante la invitación directa y la oración de todos. Hoy miles de hermanos nuestros también atraviesan el desierto cada día, pero en sentido contrario, buscando en el primer mundo una tierra prometida.

En el cartel, la silueta de Jesús que va al mundo desde el pan partido y entregado recuerda que Jesús es pan partido para la humanidad y que la misión anima a cada creyente a ser pan partido para la vida del mundo.

La campaña económica es sólo uno de los objetivos del DOMUND, y no el menos importante, ya que la falta de dinero impide la oportunidad de poner en marcha proyectos de evangelización y desarrollo. Sólo a título informativo, el año pasado se recogieron en la diócesis de Málaga 478.152,97 euros, (unos 80 millones de pesetas), en las campañas del DOMUND, la colecta de San Pedro Apóstol (Clero Nativo) y la Infancia Misionera.

Pero, lo más importante de la campaña es conocer los rostros de quienes eligieron vivir el día a día en los países más pobres, no sólo en épocas de extrema necesidad o de catástrofes naturales, porque han respondido a la llamada de Dios.

De los casi 18.000 misioneros españoles que existen por todo el mundo, más de 15.000 pertenecen a alguna congregación religiosa. El resto son seglares y curas diocesanos.

Pero también hay en España misioneros procedentes de otros países: es el caso de Anthony Njagi Njeru, un Misionero de la Consolata natural de Kenya, que lleva casi dos años en Málaga.

Podemos preguntarnos qué hace en el primer mundo un misionero, cuando la necesidad y la pobreza está en los países de América del Sur y de África. Para hallar la respuesta, sólo tenemos que ver en los informativos a los miles de inmigrantes que intentan cruzar las fronteras de la Unión Europea cada día, en busca de una vida mejor. Pero Anthony afirma que “la necesidad también está aquí. Es más, la necesidad de este primer mundo es de sensibilización, porque para eliminar la pobreza del tercer mundo, hay que limitar el consumo en este primer mundo, es decir, tenemos que cambiar nuestra forma de vivir”.

Los medios de comunicación nos presentan la cruda realidad de la miseria en la que viven millones de personas, pero “en el primer mundo lo vemos como una película más, que termina cuando cambiamos de canal con el mando a distancia, pero que no nos llega al corazón”, afirma Anthony.

Por eso, la mayor parte del trabajo que realizan tanto Anthony como sus compañeros de comunidad (el italiano Sergio y el colombiano José Jesús), es de concienciación en los colegios y en los grupos de niños y jóvenes de toda la diócesis. Y recalca que, “el trabajo misionero aquí es mucho más difícil que allá, ya que allá la gente tiene hambre de pan y de Dios” y aquí, en muchas ocasiones, estamos a régimen de pan y de Dios.

La inmigración de miles de ciudadanos de África del Sur ha sido uno de los temas más comentados en las últimas semanas. Los Misioneros de la Consolata tienen comunidades en muchos de estos países de África: Sudáfrica, Mozambique, Tanzania, Kenya, Uganda, Etiopía, Dyibuti, Costa de Marfl y el Congo. En estas misiones, la evangelización va siempre unida a la promoción humana (centros de salud, escuelas, ayuda a la producción de alimentos), porque la miseria es mucho mayor de lo que parece. Según las cifras oficiales, a Anthony, con 33 años que tiene, sólo le quedarían 11 de vida, ya que la esperanza de vida es de 44 años en su país. Esto hace que miles de personas con estudios y con algo de dinero ahorrado crucen cuantas vallas sea necesario en busca de ese mundo prometido, no por Dios, sino por los medios de comunicación, por las mafias, ... pero que no es real.