D. Alfonso Crespo ha escrito una carta de agradecimiento y despedida, después de quince años en la Curia.

Como quien sirve...

Como quien sirve...

Durante quince años, he desempeñado en la Diócesis dos cargos de responsabilidad: primero, como Secretario General y como Vicario General, después. Tras un amplio diálogo con el Sr. Obispo, le planteé la posibilidad de pasar a otros ministerios de la Diócesis. El Sr. Obispo, ha tenido a bien relevarme y nombrar otro Vicario General.

Los cambios en los destinos de los sacerdotes hay que verlos siempre en la perspectiva del Evangelio: estamos para servir no para ser servidos. Por ello, en cada momento hay que discernir, delante de Dios y la propia conciencia, cuál es el lugar adecuado donde prestar el mejor servicio al Evangelio y la Iglesia. Para este discernimiento, ayuda el diálogo con quien representa la autoridad, o sea con el Obispo, al que prometemos obediencia los sacerdotes en el día de nuestra ordenación sacerdotal.

En los cargos que he desempeñado, me he esforzado en entregar lo mejor que hay en mi, los talentos recibidos; y he procurado que mis debilidades y defectos no afectaran al ejercicio del ministerio encomendado. Por ello, es bueno siempre pedir perdón por lo que se haya hecho mal e invitar a dar gracias a Dios por lo que se ha hecho de bien en favor de la Iglesia. Estos dos sentimientos, perdón y agradecimiento, los comparto hoy con la familia de la Iglesia de Málaga.

En la Iglesia, en el ministerio sacerdotal, no hay escalafones, sino servicios: “el primero de entre vosotros que se haga vuestro servidor”, nos recomendó el Maestro y Señor. No es el cargo lo que nos configura sino la honradez, alegría y lealtad en el servicio que prestamos. Por ello, el último servicio en la Iglesia, si se hace con amor, tiene la dignidad del ministerio más alto. Dios reparte sus dones no para la propia promoción sino para el bien de todos.

Mis sentimientos actuales son de profunda gratitud: a los Obispos con los que he colaborado; a los compañeros sacerdotes con los que he compartido una responsabilidad de gobierno; a todo el presbiterio con quienes gozo de la fraternidad sacerdotal; a todos los religiosos y religiosas con quienes comparto una misma esperanza; y a todos los seglares, muchos hombres y mujeres, con los que participo en los “duros trabajos del Evangelio”.

Hay que ver con “más normalidad los cambios en los destinos de los sacerdotes”. Lo único que siempre nos debe sorprender son los cambios que provocan “la conversión de las personas”: “volverse a Dios”... ¡esto, si que es noticia!

Con una profunda ilusión tomo mi nuevo destino: la Pastoral Familiar (desde el Secretariado Diocesano, y como consiliario del Movimiento San Juan de Ávila al que tanto aprecio, como consiliario de sector de los Equipos de Nuestra Señora): ¡la familia, debe ser una gran prioridad pastoral para el momento que vivimos! Sigo con la Capellanía de la Ciudad de los Niños, que me ayuda a descubrir el rostro maternal de Dios con los más pobres, y me incorporo como Vicario Parroquial de la Parroquia de San Pedro.

Uniros a mi felicitación y mis oraciones por el nuevo Vicario General, que nos puede aportar mucho a todos; yo le ofrezco toda mi colaboración en la fraternidad del presbiterio. Y permitidme que haga una profunda profesión de fe y esperanza en mi servicio sacerdotal: es una inmensa alegría ser sacerdote y poder trabajar en la Iglesia a favor de todos los hombres... Todo lo demás, es secundario. La Santísima Virgen, que paso por la vida en silencio pero sirviendo a todos, es el mejor ejemplo.

Alfonso Crespo Hidalgo,
Sacerdote.