La muerte de Juan Pablo II fue una de las noticias que más cobertura tuvo en los medios de comunicación, tanto en los públicos como en los privados. Con el don de gentes que ha caracterizado al anterior Papa, hasta después de muerto consiguió reunir un sábado por la noche a todos los medios de comunicación de Málaga, que esperaban ansiosos las palabras del Sr. Obispo.
Pero la elección del nuevo Papa, Benedicto XVI, no se ha quedado atrás. A las 11 de la mañana del martes 19 de abril, más de 30 periodistas malagueños se reunían de nuevo, en torno a D. Antonio Dorado, esperando sus impresiones sobre el Sumo Pontífice.
Rueda de prensa
“Una noticia gozosa y muy esperada no sólo por los católicos, sino por creyentes de otras confesiones y no creyentes”, así comenzó el Sr. Obispo la rueda de prensa, en la que comentó a los periodistas cómo recibió la noticia de la elección del nuevo Papa. Para él también fue una sorpresa, más que nada por razón de la edad. A la hora de la elección se dirigía a Córdoba, para participar en un foro sobre enseñanza, como presidente de esta Comisión de la Conferencia Episcopal Española.
“Cuando me avisaron de que ya teníamos Papa, me atreví a hacer una quiniela con mis compañeros de viaje, a riesgo de equivocarme, afirmaba D. Antonio Dorado, ya que los últimos Papas elegidos siempre fueron desconocidos para la mayoría del pueblo cristiano”. Nuestro querido Sr. Obispo y sus compañeros de viaje opinaban que si la elección del nuevo Papa hubiese tardado más, se hubiera interpretado como división de opiniones dentro del cónclave”. Ante la noticia de que a la cuarta votación había fumata blanca, el Sr. Obispo apostó porque el nuevo Papa sería o el cardenal Tettamanzi, o el Cardenal Ratzinger, y así fue. Entre risas, D. Antonio se consideró “profeta a corto plazo”.
El prelado de Málaga conoce personalmente al Sumo Pontífice, ya que ha coincidido con él en varios Sínodos y en jornadas de reflexión sobre los asuntos diocesanos.
Desde su conocimiento personal, el Cardenal Ratzinger es “un hombre de una inteligencia muy aguda y de una formación fuera de lo corriente, como avalan su vida y sus más de 40 obras publicadas.
He comprobado en el contacto que he tenido con él que es una persona sencilla y cordial, un sencillo y humilde obrero de la viña del S e ñ o r, como él mismo se definió”.
Vivir el Evangelio
Pero no es esto lo más importante, sino que es “un hombre de Dios, un gran creyente, un hombre fiel a la Iglesia y dedicado a proclamar el Evangelio sin rebajas, aunque esto le ha ocasionado el ser tachado de integrista o anticuado”.
Mucho se habla de las aptitudes del nuevo Papa para ser el sucesor de Pedro en los próximos años, hasta que el Señor quiera.
Monseñor Dorado Soto también tiene una respuesta a estos argumentos: “sería injusto esperar todo del nuevo Papa. El cristianismo desdiviniza a todos, porque sólo Dios es Dios y no podemos caer en la tentación de exaltar a una persona como impecable y perfecta. Él mismo se ha manifestado como un humilde servidor de la viña del Señor. Por otro lado, el Papa es reflejo de la Iglesia, y nos corresponde a todos construir ese reflejo que anhelamos, porque el Papa no gobierna solo. Por último, sin la fe cristiana, es imposible comprender esta elección; los católicos sabemos que cuando Dios confía una misión delicada a una persona, le da toda la ayuda necesaria para llevarla a la práctica”.
Acogida
El Sr. Obispo nos recuerda que la mejor manera de acoger al nuevo Papa consiste en renovar nuestra vida de fe, proponernos vivir y proclamar el Evangelio con obras y con palabras y renovar nuestra vocación cristiana porque, en el fondo, la marcha de la Iglesia depende de cómo nos tomemos cada uno nuestra misión. Y, por supuesto, que recemos todos por el nuevo Papa, Benedicto XVI.
