El día 27 se celebró un encuentro festivo entre sacerdotes y seminaristas.

Encuentro Seminario-Presbiterio

En el mismo, además de rendir un homenaje a D. Ángel Márquez Ruiz, que ha dedicado 47 años de su vida a servir a la Iglesia en diversos cargos dentro del Obispado y que se acaba de jubilar después de ejercer de Secretario Particular de los últimos cuatro Obispos, se presentó un libro del Delegado de Misiones D. Lorenzo Orellana, titulado “1954-2004. Cincuenta años de cooperación entre la diócesis de Málaga y Venezuela”.

Además, como ya es tradicional, se celebró un encuentro de fútbol entre seminaristas y curas, donde estos últimos se alzaron con la victoria, con 9 goles a 2.

Testimonio admirable

Estos encuentros constituyen una manera sencilla y eficaz de mantener viva la información sobre el Seminario, de seguir alentando el interés por el mismo y de construir la fraternidad sacerdotal mediante el conocimiento mutuo y el trato directo.

Y el mejor conocimiento de las páginas espléndidas que han escrito con su vida los sacerdotes diocesanos constituye un testimonio admirable.

Su entrega generosa, su capacidad de sacrificio y su fe en la fuerza transformadora y salvadora del Evangelio son un legado que nos desafía y estimula. Alguno de ellos, hombre fiel y piadoso, es lo último que ha olvidado cuando ya iba perdiendo la memoria: su trabajo en la pastoral vocacional.

A quien se interesaba por su vida, siempre le hablaba de sus viajes y su imaginación creativa en la hermosa tarea de suscitar vocaciones al sacerdocio y a la entrega misionera.

Hoy vivimos en una situación social muy diferente, pero el verdadero amor al Seminario se tiene que manifestar también ahora en el interés por suscitar vocaciones. Y hay tres maneras fundamentales de hacerlo: una, mediante la llamada directa y personal, como hacía Jesucristo; otra, por contagio, por el testimonio de una vida evangélica agradecida, esperanzada y alegre, también a través de la oración.

Estos encuentros de sacerdotes y seminaristas, las jornadas de puertas abiertas y los encuentros con los padres en la fiesta de la Inmaculada y en las ordenaciones de nuevos sacerdotes son instrumentos eficaces para fomentar la pastoral vocacional.

Pero la raíz secreta está en la oración y en el testimonio de que el Evangelio es la mejor apuesta para realizarnos como personas libres, pacíficas y comprometidas en el servicio al hombre.