Construir una familia es mucho más difícil que comprar el piso, que ya es decir. De hecho, numerosas parejas fracasan en el intento.
Aparte del sufrimiento que lleva consigo el fracaso matrimonial, los efectos sobre los hijos suelen ser demoledores. Nos lo recuerda la delincuencia juvenil, que en un alto porcentaje afecta a hijos de parejas mal avenidas.
Lo más grave es que a pesar de estos efectos personales y sociales negativos, apenas se toman medidas que ayuden a las parejas. En concreto, habría que enseñar a los jóvenes el arte de convivir e inculcarles un poco de realismo antes de dar el paso hacia el matrimonio.
Nuestras parroquias se plantearon esta necesidad hace muchos años y han ido abriendo caminos. En los últimos tiempos, se ha visto la necesidad de intercambiar experiencias para profundizar y llegar a unos puntos comunes sobre el modelo de formación a impartir, la duración, el método y los contenidos.
Hoy queremos acercarnos a uno de nuestros arciprestazgos para conocer su experiencia. Puesto al habla con Don Jesús Ruiz, Vicario de la Axarquía y párroco de San Andrés de Torre del Mar, nos ha transmitido su experiencia. Entre los puntos que queremos destacar es que el curso lo imparte un equipo compuesto por tres matrimonios y un sacerdote.
A lo largo de cinco días, que pueden ser todos dentro de la misma semana o en jornadas alternas durante dos semanas, se celebran sesiones de dos horas. El método de trabajo consiste en la presentación del tema y un diálogo abierto con los participantes.
Los cursillos se celebran durante los meses de octubre, febrero y mayo. La asistencia media supera las veinte parejas. Al preguntar por los temas que se imparten, Don Jesús dice que los han revisado y han llegado al acuerdo de utilizar el temario que ha preparado el Arzobispado de Madrid.
Cuatro novedades
Repasando esta propuesta, los que llevamos más de treinta años en el tema de los cursillos prematrimoniales, observamos cuatro novedades muy interesantes. La primera, que se da un peso mayor a la presentación del matrimonio cristiano, partiendo del encuentro con Jesucristo, en un tono más evangélico y menos moralizante de lo que era habitual. La segunda, que se les entrega a las pare jas un material muy bien presentado y pedagógico, para que lo vayan trabajando y participen en el diálogo. La tercera, que se han ampliado los temas y la duración del cursillo. Y la cuarta, ésta es menos interesante, que no se habla de la legislación canónica y civil sobre el matrimonio y la familia.
Los pueblos funcionan
Pero el arciprestazgo no es sólo Torre del Mar, sino un conjunto de parroquias diseminadas. Varias de ellas organizan el cursillo en el lugar. Tal es el caso de Algarrobo, Sayalonga, Almayate, Benajarafe, Chilches, Benamocarra, Caleta de Vélez, El Morche, Frigiliana y las dos de Nerja. Para ver cómo se las arreglan, nos hemos puesto al habla con Juan Baez, cura de Frigiliana. Están siguiendo el temario de Madrid. El equipo es más reducido. Está compuesto por un matrimonio, aunque sólo da charlas el marido, José Agudo, electricista. La ventaja de que los ponentes, en este caso el ponente, sean personas del lugar es que pueden servir como punto de referencia para la pastoral familiar. También explica algunos temas el párroco, Juan Baez.
Participan entre cuatro y seis parejas. Salen contentos, según las revisiones, y el problema es cómo insertarlos en la vida parroquial y conseguir que quienes se han visto “tocados” por Dios con ocasión del cursillo, se unan a los miembros más activos de la parroquia.
Que sean los matrimonios del pueblo los que imparten estos cursillos tiene una doble ventaja: que conocen a los que asisten y que van formando un grupo sólido de pastoral familiar. Además, al impartirse cursillos en los diversos pueblos cercanos entre sí, prácticamente cada mes hay un cursillo prematrimonial en la zona, lo que facilita las posibles emergencias.
Sin embargo, todos presentan como una necesidad que se disponga de un temario de la Diócesis.
