Dice la RAE, “Redimir: 1. tr. Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio. 5. tr. Poner término a algún vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia”.

Sorprende la ignorancia que manifestamos los fieles cristianos cuando, con motivo del Jubileo, el Papa nos ha interrogado sobre nuestro conocimiento de las Obras de Misericordia emanadas del Evangelio. En el apartado de las obras de misericordia corporales nos encontramos en el punto sexto (o así lo recuerdo yo): Redimir al cautivo.

Esta semana, a través del programa de radio en el que colaboro, he podido conocer a fondo la labor que realiza Caritas a través del Hogar de Acogida Nuestra Señora de la Merced para presos de distinto grado y recientemente liberados. Tuve la oportunidad de conocer a su director, un representante de sus educadores y uno de los acogidos. Me parece un trabajo profundo, meditado y excelente.

La entrevista me ha llamado a la reflexión. ¿Como puedo practicar esta obra de misericordia desde mi lejanía del mundo penitenciario? Por eso he recurrido a la RAE. La palabra redimir recoge diversas acepciones que se pueden aplicar a distintas situaciones que nos rodean.

¿Quién no conoce a alguna persona que sea esclava de algo o de alguien? ¿Quién no conoce a alguien que sufra algún “vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia”?

Un amplio campo de trabajo. Mira a tu alrededor. Yo… ya lo estoy haciendo.