La negativa expresa a cualquier práctica religiosa identifica a la emergente nueva clase política española. No ha engañado a nadie. No ha sido hipócrita. Sus protagonistas se declararon ateos desde el principio; desde que irrumpieron en la vida pública. Son coherentes. La izquierda radical nació, hace casi dos siglos, con el mismo ímpetu que ahora renace y el expreso propósito de negar la existencia de Dios. Entiende que Dios es un freno, un lastre en el desarrollo armónico del ser humano. Todas las potencialidades y deseos de libertad del hombre quedan oscurecidas por los dictados de ese Dios invisible que remite siempre a un hipotético “más allá” feliz.
Esto quedó patente en las persecuciones anticristianas que llevó a cabo la URSS a lo largo de su existencia. Después, aquel socialismo radical fue relajándose hasta la caída del “anticontaminante” muro de Berlín. Ahora, el proceso se repite en China donde, desde un planteamiento esencialista del marxismo, se está llegando a cierta adecuación al capitalismo que desembocará, sin duda, en el inevitable egoísmo humano. O en Cuba, donde Raúl Castro asegura que “volverá a rezar”.
Pero, aparte de anécdotas y procesos de ida y vuelta, ocurre que el ser humano no puede prescindir de Dios, que le libera de su soledad intima. Dios, constante en la última interrogación; en el silencio de la vaciedad del alma.
Nosotros los cristianos sabemos que somos seguidores de Aquel que estableció la definitiva norma ética; «ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». En esa escalofriante sencillez, agregó «el que tenga dos camisas una de ellas no es suya, es de su prójimo». Al lado de esto, el Manifiesto Comunista de 1848 parece una proclama de la conocida como derechona de toda la vida.
Hay una niebla interna que acompaña al ser humano y que no disipa ni el insaciable deseo de poseer ni la quemadura de la injusticia que le hiere cuando contempla vida. Es la dicotomía constituyente del hombre. Solo el Señor Jesús libera. El Señor Jesús no descansa. Hace cosas insólitas, como mandar gente con pasaporte occidental al hambre y al ébola africano. Estos enviados no cobran en euros y, encima, juegan con ventaja. Ay que ver.
