Bebé hallado vivo bajo los escombros de un edificio en Nepal tras el terremoto

A  pesar de las noticias y tremendas imágenes, que nos llegan a diario sobre el terremoto de Nepal, yo quiero ver lo positivo que dentro de esta gran catástrofe existe. Os preguntaréis qué de positivo puede haber en esta desgracia. Pues para mí es el HOMBRE, así, con mayúsculas. Ver a tantísimo voluntario, que antepone su propia vida para intentar salvar las de sus hermanos que lo necesitan es ejemplar. Tengo que confesar que a mí se me hace un nudo en la garganta cuando veo marchar a tantos y tantos dispuestos a ayudar, dejando atrás a sus propias familias, con una generosidad y entrega sin límites.

Gracias a todo ese voluntariado que, sin dudarlo, está allí, se han rescatado de los escombros a muchas personas con vida, desde un bebé de tres o cuatro meses hasta un anciano de cien años; este último estuvo bajo los escombros siete días. Parece mentira que con esa avanzada edad haya podido sobrevivir. No solo ellos dos, sino cientos de personas. Ése es el milagro de la vida, aún en las circunstancias más adversas, el ser humano se aferra a ella. 

Me atrevo a decir que ninguno sabemos valorar, en su justa medida, lo que Dios nos ha concedido o a quien nos ha puesto a nuestro lado en cada momento hasta que corremos el peligro de perderlo.

Ahora le toca a la sociedad y a los gobiernos no olvidar la gran tragedia de Nepal. Pues ocurre siempre, que pasada la primera etapa de la noticia, poco a poco nos vamos familiarizando con la misma, como si hubiese sido una película de terror que ha pasado ante nosotros. Pero es en estos momentos cuando comienza para todos los que han sobrevivido la verdadera tragedia. Hay que contribuir con todas las ayudas materiales que precisen y tenemos que ser conscientes a tenor de las imágenes, que son muchas. Y ante todo y sobre todo -ahí sí que ninguno tenemos excusa- con nuestras oraciones. No nos olvidemos de ellos.