La caída de Juan Carlos Monedero, el ideólogo de “Podemos”, pone un interrogante en la marcha triunfal del Partido; ¿es viable la propuesta  inicial? Me refiero a  la que dio origen a la formación. Indudablemente, no. Tras una primera andadura marcada por lo que pudiéramos llamar novedad, “Podemos” recapacita en su propia razón fundacional, aquella con la que condenó a los demás con el apelativo de  “casta”. Se da cuenta de que la radicalidad está en desuso. Y vira hacia lo que pudiéramos llamar derecha. Algunos se quedan atrás en el viraje. No hay traición, solo realismo. Antes de seguir conviene aclarar dos cosas. Primero, los cristianos no estamos en contra de la justicia ni del reparto equitativo de la riqueza. Todo lo contrario. Nuestro fundador, el Señor, dueño de todo, no tenía donde recostar la cabeza. Segundo, sabemos que Derecha no es otra cosa que el nombre elegante de llamarle al egoísmo.

Los Partidos, todos, son gestores de una sociedad, la nuestra, cansada, ahíta, de promesas redentoras que se diluyen en las profundidades del materialismo hedonista que encharca a unos y otros.

“Podemos” quiso enlazar con el primer marxismo, el que pretendía llevar a la humanidad al Paraíso Terrenal por la puerta de atrás. Ahora ha tenido que dar un frenazo en seco.

Cabría preguntarse ¿está la humanidad preparada para el paraíso? Pues parece que no. A pesar de los grandes avances científicos-técnicos el corazón del hombre sigue en la tiniebla del egoísmo donde estaba. No parece haberse inventado ningún sistema capaz de hacer realidad aquel viejo ideal marxista que teoriza diciendo,  “todos viviremos para el bien de cada uno y cada uno, para el bien de todos los demás” ¡Nada!

Solo Jesús, Dios hecho hombre, puede cambiar al hombre. Él advirtió, “Sin mí nada podéis hacer”. Es una realidad repetida a lo largo de los siglos. Jesús es el único nombre dado a los hombres. Todo lo demás es un viraje inacabable; un permanente viraje. Solo eso.