El miedo nuclear ha sido el motor del acuerdo con Irán. El mundo puede respirar tranquilo. Gracias a Dios, ningún futuro ha dependido de la voluntad humana. De lo contrario no existiríamos. La Paz ha sido siempre un espacio breve entre guerras. Los antiguos decían “si deseas la paz prepárate para la guerra”. Todo cabe en una simple reflexión, mejor dicho en una reflexión breve centrada en la Historia. Desde siempre, cuando dos contendientes tienen capacidad suficiente para destruirse mutuamente convienen la paz; en caso contrario, no. Nada ha cambiado, excepto la contundencia de de las armas. Hemos adelantado poco. Es evidente que solo la autodestrucción nos detiene; solo eso.
Dice la ciencia que cuando se estudia la reiteración de los hechos, solo entonces, queda clara la causa que los motiva. Bien, pues si algo queda claro en la Historia de la humanidad que la paz se basa en el poder de la destrucción.
En la “Ilustración”, allá a finales del siglo XVIII, los grandes movimientos ideológicos y la plasmación de novedosas doctrinas humanísticas, hicieron creer en la aparición un nuevo ser humano bueno, solidario y “Benéfico”. Así le llamaron. La realidad se ha encargado de demostrar lo contrario. El odio mutuo, convertido en cautela razonable, firma la paz.
Solo Dios mismo, el Señor Jesús, es capaz de hacerlo. Sol Él. Nuestro encuentro con Él puede hace un nuevo hombre. Lo demás es pura trompetería precedente de la guerra.
Todo el pensamiento moderno, por lo menos en gran propoción se basa en eso que, cada día, penetra más en los círculos pensantes de nuestro tiempo. A dado en llamarse “Buenismo”. ¿El hombre es bueno por naturaleza? Entonces, no necesita Dios.
Me atrevería a pedir un minuto de reflexión a mis lectores. ¿Hay bondad solidaria? Suele contestarse que la sociedad corrompe al hombre. Bien. Otra pregunta. ¿Quién ha hecho todas las sociedades desde el principio?
