Todos los días, desgraciadamente, nos enteramos de la barbarie provocada por los yihadistas. La "penúltima"- porque desgraciadamente, ahí no se acaba- ha sido la explosión en una Iglesia cristiana, con el balance de quince fallecidos.
El horror y la maldad del ser humano no conoce límites. No solo por la muerte de tantísimos inocentes, sino también por la demostración de incultura, que les lleva a destruir su propia Historia. Y qué decir del reclutamiento, para llevar a cabo tanta maldad, de jóvenes a los que lavan el cerebro, para más adelante llevar a cabo la inmolación de ellos mismos en distintos atentados.
Sobre todo y aún más espantoso, la enseñanza a niños del odio más cruento,hacia las personas que no piensan como ellos. Acabamos de ver un ejemplo de lo que os digo.
El niño que mirando de frente a su victima, ha sido capaz según ellos, de ajusticiarlo, así sin más. No me puedo quitar de mi memoria la mirada de ese niño, y la verdad es que no sé definirla. No le vi mirada de odio, que eso aunque un mal sentimiento, es eso, un reprobable sentimiento. Le vi una mirada carente del mismo, vacía y totalmente fría. Una mirada que te deja helada tratándose de una persona de tan corta edad. Por eso digo que cada vez que lo recuerdo, me produce escalofrío. Y qué decir de cómo celebró, su hazaña, con gritos y fiesta. "Horrible". Nosotros no podemos más que rezar por tanto mártir, como dice el Papa Francisco, pero también alzar nuestra voz, para denunciar tanta masacre.
Es tremendo ver como tantos hermanos nuestros están sufriendo tan tremenda persecución. No dejemos de pedir todos los días por ellos, para que el Señor les de todas las fuerzas que están necesitando, para soportar tan tremendo dolor.
