El avión que trasladó a Miguel Pajares

Dicen que “política” es el arte de decir sí y no a la vez sin que se note la contradicción. No sé. En cualquier caso, prefiero huir de la superpolitización en que vive nuestro país para, por este tiempo, centrarme en las reflexiones que puedan derivarse de ella.

Por ejemplo, en la “indignación” que ha provocado en la extrema izquierda española la repatriación del padre Miguel Pajares, enfermo de Ébola, como se sabe. La inmensa mayoría de artículos, opiniones, editoriales… procedentes de la izquierda radical, o simpatizantes con ella, aprovecha la oportunidad de que el repatriado es un cura para atacar a la religión, a la Iglesia y, sobre todo, al cristianismo.

Se  trata de una vieja tendencia de la izquierda; ir contra cualquier tipo o forma de trascendencia. La raíz hay que buscarla en el pensamiento de los primeros marxistas que entendían la religión –de manera especial el Cristianismo- como “opio”, una especie de “adormecimiento” o, dicho de otra manera, quedarse a la espera de otra vida mejor, cosa que le impide implicarse en la revolución para transformar ésta en la que vive. La izquierda radical, originariamente marxista, no ha sabido sustraerse de ese tópico a lo largo de más dos siglos.

Es curioso, la izquierda radical, lo que se conoce por extrema izquierda, vive en la indignación permanente frente a la injusticia. Esa izquierda no ha sido capaz de percatarse de que el mal que intenta reparar nace y crece en el corazón del hombre, en el egoísmo humano. Solo un “hombre nuevo” será capaz de traer un mundo nuevo.

Marx lo tuvo muy claro. Por eso proyectó el “homo faber”, “amo y esclavo” en una sola alma.  La gran inteligencia de  Marx captó, desde el principio, que el ser humano sería capaz de cambiar la sociedad- no al revés- cuando el mismo hombre hubiera cambiado. Todo lo demás se quema con el paso del tiempo. La caída del muro de Berlín, por ejemplo, lo demuestra.

Ocurre, sin embargo, que solo Jesús, el Hijo de Dios y Dos mismo, es capaz de transformar el corazón humano. Solo Él. Sin Él, la Historia es un permanente volver a empezar.