Tras recibir el galardón, la nueva premio Cervantes, Elena Poniatowskaca, dio un discurso conmovedor. Habló de los pobres del mundo que cada día son más y más desasistidos.

A continuación, en una especie de evocación poética recordó la “triste” figura del caballero manchego, don Quijote, seguido del fiel Sancho.

Enseguida aludió al liberalismo como la causa de todos los males. Lo mismo explicaba el coordinador de Izquierda Unida Cayo Lara hace unos días. El mismo discurso se oye en diferentes sectores de la izquierda en otros diferentes puntos del mundo político universal. No les llevaré la contraria ni mucho menos; el liberalismo ha dado lugar a situaciones tan insoportables y esperpénticas cono, por ejemplo, que noventa y cinco personas, o familias, sean dueñas de -más o menos- el cuarenta y cinco por ciento del producto interior bruto de toda la tierra; o sea, casi la mitad de toda la riqueza mundial. ¿El Liberalismo? Hombre, es un sistema político que hace posible la acumulación de riqueza en las manos de los más audaces, o, si puede decirse así, de los más oportunistas, astutos o, simplemente, listos. Ahora bien, su antítesis, el marxismo real, práctico, o sea, el comunismo, origina una superestructura más opresiva, brutalmente alienante, que su contraria. El siglo XX ha conocido  en la realidad del día a día de muchos pueblos, de muchas naciones, la plasmación de uno y otro ideal; el siglo XXI ha nacido desconcertado.

No acabamos de dar con nuevas fórmulas. Solo echamos remiendos en las antiguas.

Hay un vacío de muerte tanto en los países ricos, donde se oyen discursos muy recompuestos, como en los pobres, que tratan de coger el tren del progreso a toda costa. Unos y otros son hijos o bastardos  de una época sin definición; unos y otros dicen, antes de las elecciones, lo que de sobra saben que nunca podrán hacer.

Hace frío ya; el ángel del Portal de Belén llama pastores. Jesús, el Hijo de Dios, se nos ha hecho Espíritu Vivificante. Él es la fuente de donde brota el Amor. Hace miles de años dijo: “Sin mí nada podéis hacer”. Era verdad. Escritores y poetas buscan caballeros andantes. No existen; don Quijote se hizo conservador en cuanto recobró la razón. Los santos, en cambio, no vuelven en sí nunca ¡hay que ver!