El que quiera practicar alguna religión que lo haga en silencio, en su espacio personal, sin perturbar la marcha hacia la libertad de las nuevas generaciones.
La cámara de diputados acaba de celebrar un pleno para auscultar, en secreto y en conciencia, el número exacto de diputados que prestan su adhesión a la proyectada ley del aborto. Insisto, en secreto para evitar interferencias o presiones por parte de las cúpulas de los partidos. Bueno, pues ha triunfado al “no” al aborto. Enhorabuena. Pero no quería referirme a esto sino a una evidencia desoladora que se hace patente cada vez que nuestros democráticos representantes quedan libres de eso que se conoce como “disciplina de partido”. En una palabra, su bajísimo nivel cultural e intelectual en general y, desde luego salvo excepciones, a derecha e izquierda.
No voy a concretar frases y opiniones. Hay una, sin embargo, digna de atención que merece la pena destacarse. La pronunció la señora Valenciano a la que, con sinceridad, creía con mayor altura de miras. Exactamente dijo: “Más educación sexual y menos religión”. Sin duda, resume la contemporaneidad. Expresa un pensamiento cada día más extendido. A la religión se la considera un asunto amortizado y, por lo tanto, innecesario. En poco más de un siglo, el ser humano ha batido las distancias, encendido la oscuridad, ha llegado a la luna… Ha sido capaz, en fin, de superar los prejuicios alienantes y esclavizadores que durante siglos le ataron a sus temores ancestrales. El que quiera practicar alguna religión que lo haga en silencio, en su espacio personal, sin perturbar la marcha hacia la libertad de las nuevas generaciones. Willians James, el gran filosofo de la modernidad y el llamado pensamiento utilitarista, lo expresó con claridad meridiana: “Si Dios es útil escogeremos a Dios, si es el átomo escogeremos al átomo”
Y, efectivamente, ¡escogimos al átomo!. Lo malo es que el átomo no es alternativa a Dios. Dios no tiene alternativas. Dios es sencillamente necesario. Lo explica muy bien San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti y está inquieto nuestro corazón hasta que descansa en ti.
Hay una inquietud subyacente en el hombre actual verdadero buscador de paraísos artificiales que nunca llega a poseer.
El ser humano busca a Dios y solo le ofrecen alternativas racionalistas como la educación sexual. Hay un vacío existencial que no acaba de llenar con un montón de lógicas racionalistas. Se han roto todos los tabúes pero un frío cada vez más inhumano invade el horizonte.
