Quiero llamar la atención de cuantos militamos en este segmento, para que seamos conscientes de nuestra fuerza social y sobre todo moral.

A los mayores se les escucha

… Por la cuenta que les trae. Vengo observando que tanto los medios de difusión, como los políticos, o los financieros, están teniendo en cuenta a los componentes del “segmento de plata” que protagonizan y dan nombre a esta serie de columnas.

Los “que mandan” han caído en la cuenta de que cada vez somos más, estamos más en forma, más preparados y tenemos menos dependencia económica que el resto de los humanos. Hoy por hoy, la economía familiar tiene como pilar básico a los mayores. Estos gozan de una pensión –en la mayoría de las veces- suficiente, atención sanitaria “casi” gratuita, prestaciones sociales y espacios lúdicos suficientes, no dependen de hipotecas y llegan a final de mes sin recurrir a nada ni a nadie.

Encima, cada vez son más, tienen más expectativa de vida y siguen contando con sus derechos civiles en su plenitud. Hasta ahora los que mandan se están aprovechando del “seny” (sensatez) de los mayores, su jerarquía de valores basada en el respeto, la familia y en muchos casos la fe. Pero estamos a punto de decir basta. Tenemos que ser conscientes de la situación actual. La mayoría del voluntariado esta integrada por los mayores, la ayuda personal y económica que prestan los mayores a la familia son inestimables. Es decir, volvemos a ser un pilar de la sociedad, pero tenemos una reclamación pendiente Aquello que dice “del viejo, el consejo”, sigue cayendo en saco roto. Nos usan, pero no nos escuchan; nos entienden, pero no nos hacen caso. No defiendo la gerontocracia. Pero quiero llamar la atención de cuantos militamos en este segmento, para que seamos conscientes de nuestra fuerza social y sobre todo moral. Y a los demás… que la tengan en cuenta.

Por otra parte formamos la base de la Iglesia. Esto trae como consecuencia el que caigamos en la cuenta que si somos Iglesia tenemos que ser transmisores de la fe. No nos quedemos en ser una Iglesia espectadora abocada a vegetar en los bancos del templo. Tenemos que suplir a esa generación intermedia que ha seguido la moda de ser cristianos “apuntados” pero no comprometidos. Tenemos todo el tiempo para ello. En vez de quejarnos de que los templos están vacíos de personas de los cuarenta para abajo, llevémosles el mensaje en plan boca a boca. A riesgo de que no nos entiendan. Empezando por el clero y los más comprometidos. La semana pasada se ha suspendido un encuentro para la primera y la nueva evangelización por falta de clientes. ¿No será que no estamos al loro? Yo he descubierto que cuando se exponen –no se imponen- ideas interesantes, se nos escucha.