Los recortes del Gobierno dibujan un futuro incierto para los investigadores más competitivos de la UMA. Esta constatación es extensiva al resto de la comunidad científica nacional. Cada situación tiene sus matices. Pero el fondo es el mismo.
Menos dinero, menos investigación, menos futuro. Los recortes en materia de investigación favorecen que ésta emerja herida. Preocupa esta realidad porque formar a un investigador cuesta entre 300.000 y 400.000 euros. Una inversión que se pierde, en el mejor de los casos, al tener que marchar los investigadores fuera de nuestras fronteras. Pero esta situación alerta de aspectos más serios. Repercute en la sociedad en su conjunto. Un país que pierde a sus mejores y más brillantes jóvenes investigadores está condenado a la mediocridad. Y lo más grave: estanca la posibilidad de la mejora de millones de vidas en cuestiones tan sensibles como la investigación en salud. Por ejemplo. Al impedir que la investigación avance en enfermedades tan crudas como el cáncer. Por ejemplo.
Cuando el creyente da gracias a Dios porque un enfermo supera con éxito una intervención quirúrgica o una situación de extremo peligro está agradeciendo directamente la potencia que la inteligencia humana tiene para hacer frente a la enfermedad. Algo que se desarrolla por la tenacidad de muchos investigadores que gracias a su profesionalidad y a la inversión económica han descubierto cómo cuidar la salud de sus conciudadanos.
Sobre la conciencia de quien gobierna desconozco si planeará las muertes evitables si la inversión en investigación fuese mayor y mantenida en el tiempo. El pecado de omisión existe. También en materia social. Y cunde a tenor de determinadas políticas. Cuando se gobierna con políticas que eluden la responsabilidad del futuro se genera una espiral peligrosa que conduce a la corriente del ahogo social.
La situación económica actual es compleja. Ésta conduce a tomar determinadas políticas en materia económica. De acuerdo. Pero preocupa que con los recortes la tijera se tome sesgando el bienestar de millones de personas que dependen de la posibilidad de que los científicos investiguen cómo enfrentarse a temas tan sensibles como la enfermedad.
Artículo de opinión publicado en El Alféizar, diario SUR 22.10.13
