Toda una cultura occidental basada en lo que se llamó humanismo, ha vivido de espaldas a las verdaderas necesidades de África. Solo el cristianismo ha venido dando la voz de alarma.

Siria

El Papa clama por una salida negociada y pacífica en Siria. Las circunstancias políticas mundiales parecen caminar por otros derroteros. Muchos poderosos, abierta o solapadamente, proponen la guerra como única fórmula para terminar con el horror que vive Siria y toda África en general. Pero la actualidad social de ese continente no es más que la acción, entre suicida y ególatra, que han llevado a cabo las potencias occidentales durante muchos los años.

África es la evidencia del dialogo imposible entre este siglo brutalmente materialista, cuyos ideales son simples caretas sobre el consumismo, y unas gentes inmersas en la Edad Media.

Acabar con Bashar al Assad, el dictador sirio, no es otra cosa que dejar espacio para otro igual o parecido. No existen en los regímenes africanos mecanismos capaces de promover alternativas. Y la razón hay que buscarla en este occidente oportunista y depredador que la colonizó y repartió como botín de conquista sin importarle gran cosa la vida y el desarrollo de sus gentes.

África no ha tenido oportunidad de conocerse, o sea, de llevar a cabo la más mínima autoreflexión colectiva sobre sus orígenes y valores. La misma parcelación por naciones fue una pura arbitrariedad de los conquistadores. África ha sido durante más de dos siglos, el granero inacabable de materias primas a precios de saldo.

Todo ésto, junto a la pobreza provocada, es inmejorable caldo de cultivo para que surjan los fanatismos, especialmente religiosos, que tienen muchos elementos de pura reivindicación identitaria.

Toda una cultura occidental basada en lo que se llamó humanismo, ha vivido de espaldas a las verdaderas necesidades de África. Solo el cristianismo ha venido dando la voz de alarma; miles de misioneros emigran día a día voluntariamente a la pobreza sin nada que pedir y mucho –todo- por dar. Ellos viven la vanguardia de la fe sin oro, plata ni misiles. Ahí siguen mientras continúan los preparativos de la guerra