A mi la libertad me obliga a ser consecuente. Es decir, que lo que piense se asemeje a lo que diga y a lo que haga, casi siempre políticamente incorrecto.

Ser consecuentes

El llegar a nuestra edad tiene sus ventajas e inconvenientes. Estos últimos son tantos que es preferible obviarlos. Hablemos de las ventajas, entre todas, –que son muchas-, destaca la de no tener prevenciones ni prejuicios cara al futuro profesional o personal. Cuando se tienen los deberes hechos, se adquieren unas cuotas de libertad que, mientras se tiene un futuro a plazo medio -o largo- por delante, no están a nuestro alcance. El miedo a decir la verdad –sin acritud-, o disentir del otro –sin dogmatismos-, desaparece por completo cuando solo tienes que dar cuentas a tu conciencia y, como mucho, a tu familia.

Este preámbulo viene a cuento de las circunstancias que te rodean al moverte dentro de la sociedad, máxime siendo periodista y ejerciendo como tal. Se plantea entonces la necesidad de andar, a veces, entre dos aguas. Sobre todo, si no puedes renunciar a una compensación económica que te permita vivir. Esa es la cruz de muchos compañeros que han de seguir los dictados de quien le paga. Cuando no dependes de ese salario, puedes tomar la actitud de ser fiel a la verdad y a tus creencias –siempre que estén bien fundamentadas-, así como a renunciar a entrar en juegos “florales” que te quitan la paz. Esto trae consigo situaciones en las que tienes que decidir entre dormir en paz o tragar bilis.

Lo que digo del periodismo es aplicable a cualquier otra profesión. Cuando ya no tienes que cumplir un rol dentro de una estructura, puede que tu cuerpo no esté en la mejor forma, pero tu mente y tu corazón vuelan libres. Decía Ghandi: “No hay camino hacia la libertad, la libertad es el camino”. A mi la libertad me obliga a ser consecuente. Es decir,  que lo que piense se asemeje a lo que diga y a lo que haga, casi siempre políticamente incorrecto. San Juan nos dice en su Evangelio unas palabras de Jesús que, como todas, son un canto a la libertad y a la naturalidad: "y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. En esas estamos. De algo tiene que servir ser mayor.