Es hermoso descubrir una Iglesia pobre entre los pobres y para los pobres. La tarea aquí es dura y nada fácil. Me admiro de estos tres sacerdotes malagueños que llevan la misión para delante con la ayuda del Señor.
Por fin en Caicara en la misión diocesana. Los sacerdotes nos han acogido muy bien, hemos encontrado unos hermanos y una casa en este rincón de Venezuela. La convivencia es fraterna y en las conversaciones de sobremesa se comparte sobre lo de aquí y de cómo van las cosas en España y Málaga.
El vicario, Manolo Lozano, me ha enseñado la ciudad y los centros parroquiales que hay en ella, sencillos y prácticos. Lo que más impacta son las condiciones de vida de las personas, especialmente de los niños, la precariedad de las infraestructuras cuando las hay y el chabolismo. Y en medio de todo esto los centros sociales de la Iglesia: Escuela de Fe y Alegría, Camino de Sueños, para niños con atenciones especiales, Centro de promoción de la mujer y escuela de formación profesional para jóvenes; y las parroquias.
Me ha llamado también la atención la cantidad de Iglesias evangélicas, que con una rapidez sorprendente se están extendiendo por la ciudad.Y créanme, veo a la gente feliz. Son personas cercanas, afables y con buen humor. En la vida parroquial, la gente es participativa, con ilusión, con un gran cariño por sus curas y viviendo el Evangelio con mucha sencillez.
Es hermoso descubrir una Iglesia pobre entre los pobres y para los pobres. La tarea aquí es dura y nada fácil. Me admiro de estos tres sacerdotes malagueños que llevan la misión para delante con la ayuda del Señor. Todavía no hemos visitado las comunidades de los indígenas. Lo haremos en los próximos días. Sigan rezando por mí, sus oraciones se notan.
