Una lectura reposada y abierta, humilde, de la Exhortación pontificia, nos obliga a reconocer que es un gran documento, rebosante de amor y de sabiduría. Amor por la realidad familiar, reconocida y ensalzada como un gran don de Dios a la humanidad. Y amor hacia los que no han logrado vivir en plenitud el proyecto de Dios y necesitan nuestra ayuda para llegar a esa plenitud de humanidad que es el amor conyugal y familiar. Este documento es un gran monumento de fe y de humanidad. Un verdadero tesoro cultural.