Una vez más ese microcosmos que es el coro catedralicio, donde todos los días reverberan las alabanzas a Dios que presiden los canónigos, nos brinda un interesante relieve que comentar. En el sitial correspondiente a san Bruno, el penitente fundador de la orden de los Cartujos y, por cierto, nunca canonizado por la vía ordinaria por pura modestia de sus monjes, nos encontramos una figura que es su completa antítesis.