En las palabras que han precedido a la bendición Urbi et orbi, Francisco ha pedido que nos dejémonos conmover por la bondad de Dios. Ha afirmado que necesitamos las caricias de Dios. Y ha recordado que las caricias de Dios no hacen heridas. Dan paz y fuerza. Del mismo modo, el obispo de Roma ha pedido que no tengamos miedo a que nuestro corazón se conmueva y que los creyentes nos unamos en la oración para pedir la paz. Francisco celebró en la noche del 24 de diciembre la primera Misa del Gallo de su pontificado. Tras recordar la profecía de Isaías, Francisco aseguró durante la homilía que en el mundo "hay tinieblas y luces, también dentro de nosotros", pero que Dios está presente en nuestras vidas para ayudarnos a ver la luz.