«Elías subió a la cima del Carmelo y se postró en tierra con el rostro entre sus rodillas. Y dijo a su criado: ‘Sube y mira hacia el mar’ . El criado subió, miró y dijo: ‘no veo nada’. Elías insistió: ‘Sube hasta siete veces’. A la séptima, dijo el criado: ‘Sube del mar una nube pequeña como la palma de una mano’ (...). Y en un momento, el cielo se oscureció con nubes, sopló viento y cayó agua en abundancia».
En este pasaje del primer libro de los Reyes en el que se narra el fin de una terrible sequía gracias a esa nubecilla (imagen de María) que surge del océano puede encontrarse el origen de la estrecha relación entre la Virgen del Carmen y el mar.
En estos días en que Ella trae la salvación, la esperanza y la alegría a miles de devotos en cada rincón de nuestra diócesis, nos acercamos a los orígenes de esta devoción tan popular.
En Málaga, según las gentes de la costa, hablar de la Virgen es hablar de la Virgen del Carmen. Son otras muchas las advocaciones marianas que cuentan con miles de devotos. Sin embargo, piensan que ninguna llega hasta el último rincón de la diócesis como lo hace la Virgen del Carmen. Para el Padre Francisco A. Gutiérrez, carmelita descalzo, vicario parroquial de Stella Maris, juez diocesano y confesor de distintos conventos carmelitas, “la fuerza del Carmelo ha sido impresionante en Málaga a lo largo de la historia, pero la fuerza mayor está en la devoción a María, que ni nosotros mismos sabemos cómo llegó a tanto”.
La familia carmelitana encuentra su origen en la decisión de un grupo de cruzados que, tras ser derrotados en Tierra Santa, iniciaron una nueva misión: hacer que toda la tierra sea santa. Se refugiaron en el Monte Carmelo (monte desde el que Elías rendía culto a Dios) para llevar una vida de oración, penitencia y fraternidad. Su modelo, Elías; su único Señor, Jesucristo; pero como figura más cercana, su madre, la Virgen. Nació así, hace ocho siglos, la primera advocación de la Virgen del Monte Carmelo o Virgen del Carmen.
PRESENCIA EN MÁLAGA
Málaga ha contado desde muy antiguo con una importante presencia carmelita. En 1513 se fundó, en Antequera, el primer convento de Frailes Carmelitas y, al año siguiente, el de monjas.
En 1584, San Juan de la Cruz fundó un convento masculino en el barrio de pescadores de El Perchel (actual iglesia del Carmen) y, también al año siguiente, el femenino. Luego vendrían el establecimiento de carmelitas en Vélez (1591), El Burgo (1593), y otros muchos pueblos como Antequera, Gaucín, Mijas, Ronda, Cañete la Real, Montemar-Torremolinos y Estepona.
Para el P. Gutiérrez, “los carmelitas somos como un gran árbol, con dos grandes ramas: el carmelo (calzados) y la reforma de los descalzos. Y en Málaga, además, están las Carmelitas del Sagrado Corazón y las Carmelitas Misioneras”.
“La imagen de María como esa nube que viene del mar –relata el P. Gutiérrez– sirvió a los primeros carmelitas que se establecieron en Málaga para evangelizar a los pescadores malagueños. La salvación, la esperanza, la alegría vienen del mar. Estas similitudes hacían muy fácil la explicación del Evangelio porque, además, los primeros discípulos de Jesús eran también pescadores. Una de las primeras oraciones que conservamos es la de San Simón Stock en la que llama a María Estrella de los Mares, y esa es también una imagen muy marinera, porque la Virgen es la que nos guía en el mar de los problemas que es la vida”.
Para el vicario parroquial de Stella Maris, “la religiosidad popular es hoy en día una de las vías más importantes para la pastoral. Si fuéramos capaces de transmitir los valores que encierra la Virgen del Carmen o el Cautivo o cualquier otra imagen querida por la gente, sería el mejor programa de educación para la ciudadanía que podría darse en Málaga. Hay que pedir a los cofrades que nos hablen de cómo la Virgen les ayuda a ser buenos padres, buenos profesionales, cómo les ha cambiado su vida el encontrarse con ella...”.
VALORES DE MARÍA
“Los valores de la Virgen del Carmen, según el P. Gutiérrez, se pueden resumir en tres. En primer lugar, nos muestra a su hijo. Ella es el camino hacia Jesús. El que le toma cariño a la Virgen, ya no se inventa un Dios a su manera, se acerca a Jesús. Él se nos ofrece de la forma más cercana, como un niño que sonríe. ¿Quién no quiere a un niño? El mensaje de Jesús entra, de esta forma, de un modo más amable. En segundo lugar, al presentarse como la madre de Dios, ese niño no es cualquiera. Es mi modelo y salvador. Si ella es mi madre y él está contento, yo también si soy como él. Como una madre le dice a un hijo: ‘no hagas las cosas así, ¿ves cómo lo hace tu hermano? Pues igual tú’”.
En tercer lugar, la Virgen del Carmen está en silencio. Ella nos enseña que a Dios también hay que darle tiempo. Frente a todos los que van a pedir favores como si fuera un servicio de usar y tirar, María nos enseña que a Dios no se le compra, que hay que esperar”.
