La Navidad es de todos y para todos. Se ha puesto de moda meterse con la Navidad. Viste mucho el publicar nuestro ¿sufrimiento? ante los días que se nos avecinan. Este sentimiento tiene mucho que ver con el ataque feroz que se está realizando contra la familia, basándose en la imitación de las vivencias de los países más ¿avanzados? en todo, la riqueza, la soledad, la depresión y el suicidio incluidos.
En algunas ocasiones, he comentado el trabajo que realizamos hace treinta años un grupo de malagueños sobre la familia española. En dicho estudio recogíamos el paso de la sociedad tradicional a la sociedad nuclear; de la familia patriarcal -con todas sus ramificaciones: abuelos, padres, hijos, sobrinos, cuñados, padrinos, compadres, consuegros, ahijados, etc.-, a la familia nuclear, formada por padres e hijos como mucho. Ya entonces era un paso de gigantes. En la actualidad esta transformación se ha multiplicado.
En un trabajo que ha llegado a mis manos, publicado por López Martín De San Pablo, María Jesús, María José y Garcia Pascual–Muerte, http://www.slideshare.net/mariajoselm/modelos-actuales-de-familia-y-su-impacto-en-1-7210675 se nos habla de los siguientes tipo de familias observadas en su trabajo como educadoras: familia nuclear o elemental, familia extensa o consanguínea, familia monoparental (uno de los padres y los hijos), familia singularizada (los cónyuges han decidido no tener hijos), familia de madre soltera, familia de padres separados, familia simultanea (ambos cónyuges aportan los hijos de relaciones anteriores), familia compuesta (a los hijos anteriores, la nueva pareja aporta hijos en común), unidades domesticas (grupo de personas sin parentesco que comparten la vivienda común). Yo añadiría las familias consumistas y amantes de los animales. Por ejemplo: una mujer, un chalet y un perro. Un hombre, un niño y una hipoteca; un anciano, una paga y un pariente gorrón. Etcétera, etcétera.
Estas situaciones “especiales” se sufren o disfrutan todo el año. Lo que pasa, es que cuando llegan estas fechas, sus “efectos” se multiplican. Aquellos que “sufren” la Navidad, debían de hacer un esfuerzo para recuperar el sentido del Amor y el acogimiento que nace del Portal de Belén. Y aquellos que tenemos la suerte e poder valorarlo y vivirlo, tendremos que transmitirlo a los demás, así como acoger y comprender a los que no disfrutan de ello porque alguien, quizás nosotros, no los recibimos porque son distintos a los modelos que tenemos establecidos.
Por eso, muchos odian a la Navidad. Porque no tienen con quién compartirla o esperan el chorreo de reproches y la bronca familiar aprovechando que todos están juntos. Mi truco, desde hace muchos años, es iniciar la cena pronunciando un discurso programático en el que pido perdón a cuantos me rodean y al mundo en general. Detrás, doy paso a los niños, y… lo demás va sobre ruedas.
Yo les deseo a todos, sin excepción, una muy feliz fiesta de la reconciliación y el Amor, alrededor del humilde Portal de Belén, con la familia más sencilla y más importante que nos han dado los tiempos. Que aprendamos de ellos a amar a los demás, que en el fondo no es más que aceptarlos como son, con sus defectos y sus virtudes. El que esto escribe es el primero que tiene mucho que mejorar al respecto. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo, tengo que salir corriendo, porque soy viejo. Disfruten la Navidad.
